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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Un primer libro de imágenes fotográficas para bebés, de 1930, con fotografía de Edward Steichen

The First Picture Book. Everyday Things for Babies. 
De Mary Steichen Calderone y Edward Steichen. 
Con epílogo de John Updike. 
Edición original: 1930. Library Fellows of the Whitney Museum. 
Edición actual: Fotofolio, 1991. 

En una reciente visita a Los Ángeles, encontré a la entrada de la extraordinaria librería Arcana una diminuta sección dedicada a libros infantiles. Y repasando la pequeña selección, di un brinco de alegría al encontrar esta gran maravilla de la que había oído hablar pero que nunca había tenido oportunidad de leer y mirar bien. 

Se trata de un primer libro de imágenes (fotográficas) específicamente concebido para bebés, siguiendo los lineamientos de la educación progresista explorada por la Oficina de Experimentos Educativos (Bureau of Educational Experiments -que posteriormente pasó a llamarse Bank Street College of Education, nombre que aún mantiene hoy, y que también mencioné en este post sobre Sendak y sus ventanas).  

Con imágenes realizadas por el fotógrafo Luxemburgués-americano Edward Steichen, a petición de su hija Mary (Steichen) Calderone (finalmente más conocida por su labor en el campo de la educación sexual que en el de literatura infantil -en el obituario del New York Times se refieren a ella como "la gran dama de la educación sexual"-), el libro muestra una colección de sencillos bodegones de objetos cotidianos escenificados para bebés. 

La reedición que yo encontré está editada por Fotofolio, Nueva York, en asociación con el Whitney Museum of American Art (editora de la edición original) y contiene, además del prefacio de la autora y de la introducción de la Directora de la Bureau of Educational Experiments, Harriet M. Johnson, que aparecieron ya en el libro en 1930, un delicioso epílogo de nadie menos que John Updike, firmado en 1991.

Mary Steichen cuenta en el prefacio cómo surgió la idea: 
"Cuando mis dos hijos llegaron a la fase en la que empezaron a interesarse por las imágenes, por mucho que busqué, apenas logré encontrar imágenes que resultaran satisfactorias para ellos, o que estuvieran en línea con las teorías de educación modernas. Así que me dispuse a crear un libro que contuviera tales imágenes, no solo para mis propios hijos, sino para otros niños en una etapa parecida. Las imágenes que se presentan en este libro cuentan con el sello de aprobación de los niños de a partir de un año y medio de edad de una escuela preescolar progresista.  
Los objetos elegidos para las imágenes son aquellas que se encuentra por primera vez cualquier bebé de hoy en el curso de su desarrollo. Aquí yace la esencia de la satisfacción que encuentra un bebé en las imágenes: le gusta reconocer lo que conoce; es un pequeño triunfo para él. Es también reconfortante y placentero: el reencuentro con viejos amigos."  
En el libro Life in Photography (Doubleday, 1963), el fotógrafo cuenta una anécdota curiosa: 
"Hice fotografías al estilo de bodegones, de objetos que un niño pequeño pudiera reconocer como parte de su vida. Una de las imágenes era de un lavabo, con un cepillo de dientes en un vaso. Cuando se publicó el libro, una madre nos envió una carta donde nos contaba que cuando su hijo llegó a esa página, se detuvo, hizo el gesto de sacar el cepillo del vaso, y luego simuló el movimiento de cepillarse los dientes. ¡Acabó su representación escupiendo en el lavabo de la imagen!"

El niño reconoció a dos viejos amigos, de los que ya tenía experiencia previa y para demostrarlo, hizo una representación literal para su madre y para sí mismo. ¡Perfecto! 


"Las reacciones de distintos bebés serán diferentes" sugiere la autora del concepto Mary Steichen Calderone, en el prefacio, "pero el adulto debe intervenir solo si da una de ellas. Cuando el niño lleve el libro al adulto con el ruego de charlar o de que se le cuente un cuento, el adulto debe procurar ser tan simple como lo es la propia vida del niño. 
El mejor procedimiento es simplemente hablar acerca de la imagen, relacionándola con las acciones diarias del bebé. El bebé y el libro juntos irán dando abundantes pistas y material para tener charlas intensamente absorbentes. Al mismo tiempo, las fotografías reforzarán las imágenes de los objetos que conoce, objetos que probablemente formen parte de su entorno durante el resto de su vida. Esto será especialmente cierto si el adulto da al bebé la oportunidad de expresar sus propias reacciones. El bebé dirá: ¿Qué es esto? Entonces el adulto le podrá decir: ¿ lo sabes? Y el niño contestará con alegría: “¡sí! ¡es mi leche![Del prefacio, escrito por Mary Steichen Calderone, 1930] 

Se pone gran énfasis en el prefacio en que el adulto debe dejar al niño solo con el libro y solo si viene para hablar del libro, puede hacerlo, pero teniendo siempre cuidado de dejar que el niño lleve las riendas y de conectar con el patrón de su propia experiencia en palabras que le sean familiares. 


"Publico este libro", dice Mary Steichen al concluir el prefacio, "con la esperanza de que aporte un nuevo tipo de satisfacción a muchos bebés, y de que siente los cimientos de un sentimiento estable de amistad por los libros que acompañe al niño durante toda su vida".  

La Directora de la escuela de preescolar de la Bureau of Educational Experiments se encarga de la breve introducción al tomito fotográfico para bebés, al que se refiere como una nueva aventura en el campo de los libros para bebés. En el texto enfatiza la importancia del placer en la lectura del libro por parte de los bebés.  
"Difiere en muchos sentidos del álbum (picture book) tradicional. No es un cuento ilustrado. No pretende informar ni presentar a niños lo desconocido, ni cultivar su apreciación por lo excelente en el arte, aunque contiene belleza. Su objetivo es sencillamente proporcionar placer.  
Es, estoy convencida, el poste de señalización de un territorio que apenas comenzamos ahora a explorar, pero el letrero será legible solo para aquellos que hayan mirado realmente a niños, y que hayan observado que el primer imaginario de un niño está compuesto de cosas íntimas, caseras y familiares. 
El libro toma las características habituales de su entorno, características que son de un interés universal para los pequeños, y los fija aquí en estas páginas para que pueda verificar a gusto sus detalles en referencia a sus retratos. Recuerda al bebé lo que ya sabe al tiempo que refuerza la imagen que se ha formado.  
[...] Las cosas retratadas aquí pertenecen a un entorno con fronteras estrechas y a una edad temprana. Pronto, sin embargo, las puertas se abrirán y saldrá a explorar el joven aventurero, cada vez más lejos.




En casa hemos disfrutado mucho de las imágenes, y yo personalmente del epílogo de Updike también. En lo que sigue comparto algunas imágenes más del libro, acompañadas de citas interesantes del epílogo. 


"El equipamiento básico de la vida es bastante conservador en términos de diseño y de estos objetos fotografiados en 1930, dos años antes de mi nacimiento, pocos resultarán del todo extraños para un niño de hoy. El osito, en la segunda página, probablemente tenga la piel un poco más desaliñada y el cuerpo más duro que los ositos contemporáneos sin huesos y con piel de Dacron, que parecen diseñados más como almohadas de pelea que como robustos compañeros para sus propietarios. Mi osito, casi idéntico a este, con pelo rubio oscuro y extremidades que se movían sobre pequeños pivotes tiesos, se llamaba Bruno. Sus ojos marrones bitono podían extraerse, dejándose ver unas largas agujas, como alfileres de sombrero. Uno de ellos se perdió, dejando al osito perturbadoramente tuerto. Cruelmente, tiernamente, solía retirar su ojo superviviente, estudiar su suave y rubia cavidad ciega y luego, con compasión divina, reinsertaba el alfiler brillante, restaurándole la vista al indefenso Bruno.  
Estos primeros juguetes se sitúan en relación al poder y al tamaño del niño del mismo modo que el propio niño se sitúa en relación al poder y al tamaño de los adultos y, del mismo modo que el comportamiento adulto parece arbitrariamente castigador, también lo es el suyo; me contraigo de dolor al pensar en la ira bruta infligida a mi querido y dócil Bruno, y en un Donald Duck de goma cuya cabeza, con un pequeño apretujón deformador, se le salía del todo, aunque luego podía volver a colocarse insertándolo también con fuerza entre sus hombros. Ensayamos con nuestros juguetes lo que un día serán nuestras relaciones con personas. […] (John Updike)


En mi caso, no puedo sino pensar en mi propio osito, también tuerto pero de manera permanente y que a pesar de ser de una generación más próxima a la fecha en la que escribía el epílogo Updike (1991 - mi oso sería de 1979 o 1980) que a la fecha en la que fotografió Steichen al oso de la imagen para el libro, es y siempre fue más duro que una piedra. Se llama Arbuthnott y sigue con nosotros, siempre agazapado. Después de tanto tiempo, la cavidad del ojo desaparecido se ha rellenado por sí sola, de tal forma que se diría que siempre fue tuerto. Me pregunto qué entuerto cometí yo para dejarlo tuerto, porque ya no lo recuerdo. Pero sé que fui yo, claro. Y también sé que lo quería. 

"El cepillo y el peine, colocados como si estuvieran 
a punto de besarse... "(John Updike)  


"La iluminación es cálida y vertical, como en las películas de los años treinta, donde los actores y las actrices se movían en sus vestidos blancos y sus smoking negros a través de interiores sintéticos con el glamour de las sombras pronunciadas de los retratos de famosos para Vanity Fair. El cepillo y el peine, colocados como si estuvieran a punto de besarse, tienen un aire especialmente Hollywoodiense, especialmente glamurosos y sin embargo elementales." [John Updike]


A mi hijo, de ocho años ya, le gustan que los zapatos estén usados,
porque así piensas más en los tuyos que si en la foto estuvieran nuevos. 




Me encanta el contraste entre esta foto y la primera,
donde aparece la taza con el pan tostado.
En la primera el niño mira el mundo que tiene delante;
en esta el niño mira el mundo que deja atrás, camino del juego quizás.
(Lo leemos así) 


"La cámara ve tanto, que un poquito puede ser más que suficiente.
Una sola manzana, un plátano y un racimo de uvas en un plato,
adquieren todo el peso comestible de un aparador repleto
de comida de Chardin." (John Updike)


De todos los sitios donde pudo colocar la muñeca,
Steich elige ponerla en el suelo, apoyada casi casualmente
(da la impresión de que bien podría haberse caído)
en una silla de tamaño infantil.
El ángulo refleja la perspectiva del bebé,
de pie, a punto de coger a su muñeca. (Lo leemos así)

"Entre las cualidades llamativas de las fotografías solemnes de Steichen de objetos comunes destaca su carácter amenazante – el despertador de cara gigante; la cama como jaula, el teléfono negro manco, los bloques de cantos afilados dispuestos en orden militar, el grifo de agua caliente con su nariz que escalda." (John Updike)
  
"La cama como jaula" (John Updike)
"Los bloques de cantos afilados dispuestos en orden militar."
(John Updike)
  
"En mi primera casa, donde viví hasta los trece años, el baño -con sus manchas, su fontanería conectada por los bajos fondos – me asustaba. Para un niño muy pequeño, un hogar contiene zonas alegres y soleadas y rincones de misterio y magia. La zona alrededor de nuestro piano, por ejemplo, en su pequeña y rara vez visitada “salita del piano”, estaba cargada con una electricidad siniestra para mí incluso antes de que recibiera clases de piano y pasara apuros para descifrar la música, que venía en grandes libros planos, embrujados con imágenes de un Mozart delgaducho, con su cola de cabello blanco y de Mussorgsky con sus ojos decaídos y legañosos. Encima del piano, había un nido de curiosidades -un tapete rojo desgastado de diseño laberíntico oriental, una caja de metal color marrón chocolate que escondía documentos ilegibles y de capital importancia, un pequeño tigre de latón, sus rayas hechas con incisiones, su boca en pleno gruñido, y la barriga estampada con la palabra CHINA. Todos estos objetos están ahora en mi posesión, y no acaban de perder su antigua y nebulosa enormidad y potencia, su hervor de significado. A través de la curiosa esencia de estos objetos, mi propia existencia – su incognoscibilidad, su mortalidad – empezó a acumular detalles específicos. […]

"El encantador experimento de los Steichen permanece casi en solitario en la estantería, a las puertas de un camino que no llegó a transitarse, a pesar de estar bien trazado por la teoría y brillantemente iluminado por el arte de un maestro. Ahora podemos ver The First Picture Book como el tesoro que es – una colección de brillantes arquetipos, un libro mágico de signos, una cartilla de lectura sin palabras de “primeros afectos” (John Updike)


Hubo una segunda parte: The Second Picture Book, publicado un año más tarde, donde, siguiendo premisas parecidas, se mostraban a niños haciendo cosas con objetos: acciones reconocibles con objetos reconocibles (en algunos casos, no todos, los objetos que habían aparecido en el primero).








Algo me dice que este libro va a entrar y salir de la estantería muchas, muchas veces en los próximos años. El otro libro de Steichen que tenemos en casa, The Family of Children, sale a pasear en todo tipo de ocasiones.


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