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miércoles, 19 de abril de 2017

IV Concurso de lectura en voz alta Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES?

Ilustración de Tomi Ungerer, del libro
I am Papa Snap and These Are my Favorite No Such Stories, 
Roberts Rinehart Pub, 1999


Lo leemos así presenta....

IV Concurso de lectura en voz alta 
Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES? 

En primavera del 2013, para celebrar nuestro segundo aniversario, organizamos por primera vez el concurso de grabaciones de lecturas en voz alta Y tú, ¿cómo lo lees?

Debido al éxito de la primera ediciónde la segunda edición celebrada en 2014 y de la tercera celebrada en 2016, este año, decididos a mantener la continuidad, lanzamos la cuarta edición de Y tú, ¿cómo lo lees?. ¡La cuarta! El premio: dos libros a elegir de entre los reseñados en este blog (no se incluyen los libros descatalogados; ver lista al final de este post) o bien dos libros sorpresa, seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año. 

Instrucciones: 
1. Elige uno de tus álbumes ilustrados favoritos, el que tú quieras. 
2. Practica su lectura en voz alta (si te hace falta). 
3. Grábalo o bien en vídeo o únicamente con audio. 
4. Súbelo a un sitio como dropbox o soundcloud (o similar). 
5. Comparte el vínculo en un comentario en este mismo post y...
6. Envía un email a ytucomololees@gmail.com contándonos un poco sobre ti, con una foto si quieres y por qué elegiste ese libro. Por favor, no te olvides de incluir el vínculo a la grabación en el email también.  
7. Las grabaciones deberán ser en español
8. La grabación puede ser:
  • de un padre o madre o cuidador leyendo a un niño/a o a varios niños
  • de un docente leyendo a un niño/a o varios niños 
  • de un niño o niña leyendo a otro niño, a su padre/madre/abuelo/abuela... o a sus amigos del colegio.
9. Se pide emoción y entrega y no se penalizará en absoluto la interacción (¡ooh! ¡aaaah!).
10. La fecha límite para participar es el 31 de mayo de 2016. No se tendrán en consideración las grabaciones recibidas con posterioridad a esta fecha.  
11.  Se aceptan grabaciones de todo el mundo. La única restricción es el idioma: español.  
12. No importa la edad.   
13. El ganador o ganadora recibirá como premio un glamuroso post con la grabación premiada, como el de la primera edición, como el de la segunda edición o como el de la tercera edición más o bien 2 libros sorpresa seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año o bien 2 libros a elegir de entre los siguientes reseñados en Lo leemos así:  
*En caso de que alguno de los títulos se descatalogara de aquí a la fecha del fallo, se excluiría de la lista de posibles libros a elegir.  

             El libro que hace clap 
Un día diferente para el Señor Amos
Cuidado con la rana
Se venden gorras
Yo quiero mi gorro
El paseo de Rosalía
La noche de los piratas
El tigre que vino a tomar el té
Las aventuras de un pez fantasioso
Vamos a cazar un oso
Donde viven los monstruos
¿Qué prefieres...?
El pez rojo 
¡A bañarse!
 ¿A qué sabe la luna?
              Dos ratones, de Sergio Ruzzier (A Buen Paso) (reseña próximamente)
14. Los libros elegidos por el ganador o la ganadora se enviarán a la dirección proporcionada por ellos mismos por email tras la notificación del premio.  
15. ¡Buena suerte!
16. La decisión del ganador/ganadora será necesariamente subjetiva, e inapelable.  

Lee el post del fallo de la primera edición, y escucha la grabación ganadora.

Lee el post del fallo de la segunda edición, y escucha la grabación ganadora.

Lee el post del fallo de la tercera edición, y escucha la grabación ganadora

miércoles, 1 de marzo de 2017

Adiós, Dick Bruna

El pasado 16 de febrero murió Dick Bruna, un señor que para mí era como de la familia. Por la lectura de muchos de sus libros, sí, pero también porque, de niña, mi habitación estuvo durante mucho tiempo decorada con este mismo friso:


Mi padre incluso eligió algunas de las imágenes para reproducirlas, pintadas y a mayor tamaño, en las puertas del armario de la habitación.

Todas las noches cuando me acostaba, me miraba fijamente ese león, que al principio me dio miedo (si os fijáis el de Bruna parece estar pensando o dudando; el de mi padre sonreía abiertamente y yo me preguntaba que con qué intenciones) pero luego me dio sosiego.

También veía siempre el oso, de la "b" de bear en inglés, el ratón de la "m" de mouse, el iglú, que mi padre "animó" y convirtió en tortuga, y el esquimal, creo.

Desconozco si hay estudios para determinar el efecto sobre una mente infantil de ver unas mismas ilustraciones todos los días durante años, pero ya de adulta, en mi caso, es mirar estas ilustraciones y llevarme el pulgar a la boca. 

Además del friso, en casa teníamos varios libros de Bruna. Recuerdo bien este de Snuffy, el perrito bombero:

Cubierta
Contracubierta

También recuerdo el de Poppy Pig y cuánto me gustaba su hocico (me encantaba ponérselo de nariz a algunas de las personas que dibujaba).

                                      

De Miffy teníamos unos cuantos, pero el que más recuerdo era Miffy en el parque, que además teníamos en español, si no me equivoco.

La portada nos presenta una Miffy estática montada en un columpio también quieto, quieto. Miffy ha llegado al parque y está lista para la acción. La cubierta remite a la sensación de los niños pequeños al montarse en un columpio cuando no pasa nada. ¿Me empujas? Y también, claro: ¿Me lo lees?

Cubierta
Recuerdo que me encantaban las contracubiertas de Bruna, que siempre contaban algo más. Aquí sí se indica movimiento. ¿Pero ya es hora de irse a casa?
Contracubierta de Miffy en el parque

La Miffy de Dick Bruna tiene todo lo que tiene que tener un conejo y nada de lo que no tiene por qué tener. Por prescindir puede prescindir hasta de orejas y sigue siendo perfecta e inmediatamente reconocible. Dos puntos y una cruz bastan no solo para que la reconozcamos, sino, milagrosamente, para dotarle incluso de expresividad, girando ligeramente la cruz de su boca:

 "Retiro todo lo innecesario, para dejar sitio a la imaginación." Contaba Dick Bruna que su proceso de trabajo solía consistir en retirar una o dos de tres lágrimas para dejar a Miffy con una sola, suficiente para comunicar tristeza y el acto de llorar a sus pequeños (pre)lectores.

La evolución de Miffy desde que apareció por primera vez en 1955 hasta su forma final evidencia una progresión en el proceso de encontrar la línea más económica. La forma de la cara se simplifica y cualquier cosa que estorbe la comunicación, como las puntas de las orejas o la forma achatada del rostro, desaparece.

Las cubiertas de los libros de Miffy son muchas de ellas prácticamente idénticas. Estas cuatro, por ejemplo, son las primeras que aparecieron ya en los libros de formato cuadrado perfectos para manos pequeñas, marca de la casa. 


La protagonista indiscutible es Miffy, la niña-conejo de la misma edad que el lector. Este libro es para ti, se le dice sin necesidad de decirlo al lector. Mírame, ábreme, juega conmigo. Esté en el zoo, en la nieve o en la playa, la vemos a ella. A veces se nos da una pista visual que, aunque no sepamos leer, nos anuncia qué puede haber en su interior. Otras veces hay que dar la vuelta al libro para saber más: 
En una edición posterior la contracubierta
se convertiría en la cubierta, pero hay algo gustoso
en tener que darle la vuelta para saber más.  

La comunicación visual con el prelector es inmediata y en todos casos se lo atrae con un "vente conmigo" o un "vente para acá", "toca mi cubierta", "ábreme", "entra". 

Sin saber leer, esta portada nos invita a contar: seis calcetines, suficientes para tres personas o para un caballo y medio.  

Una de nuestras portadas favoritas. ¡A contar calcetines!

En el caso de las cubiertas de Miffy, desde todas nos mira fijamente a los lectores, excepto desde ésta, la de uno de los libros más polémicos de Bruna.  Aunque no sepamos qué es un cementerio, ni una lápida, si conocemos el personaje de Miffy, enseguida nos preguntaremos qué pasa. ¿Por qué no nos mira?



Abrimos y encontramos tristeza, pero también cierto consuelo. Se atrevió a retratar a la abuela de Miffy en su ataúd y a la familia entera en pleno duelo. "Llega un ataúd para la abuela, bonito por dentro y por fuera. Está arropada con suaves telas, parece que está a gusto la abuela."






Pero más allá de algunos libros específicos, uno de los recuerdos de infancia que más me vienen a la mente en relación a las ilustraciones de Bruna es que de vez en cuando me gustaba copiarlos y, ya de más mayor, me ponía el reto de dibujar cualquier objeto que me rodeara con el mínimo número de trazos posibles, "a lo Dick Bruna". Esas copias y esos retos me enseñaron mucho sobre lo difícilísimo que era hacer algo tan, tan sencillo.
No sólo lograba reducir los dibujos a las mínimas líneas; su capacidad de síntesis para plasmar en una sola imagen un determinado personaje o idea es absolutamente hipnotizante.

Estas cuatro portadas de Cenicienta, Blancanieves, Pulgarcito y Caperucita son fantásticas:





Por no hablar de las contraportadas: 




Pero determinadas escenas de los interiores lo son aún más.
El lobo feroz de Bruna


Cenicienta pierde su zapato

Las hermanastras muestran sus zapatos. ¿Ensangrentados?

Y uno de mis favoritos de todos los tiempos, del libro Navidad, el único que es rectangular (el doble de largo que los libros de Bruna habituales), para facilitar la posibilidad de compartirlo con un adulto:



Este talento de síntesis lo había ejercitado ya durante unos años antes de empezar a hacer libros para niños, en la editorial de su padre AW Bruna, cuya gestión heredaría su hermano, y para cuya colección de novela negra Zwarte Beertjes (Osos negros) hizo muchísimas portadas.

Aquí algunas que me han gustado especialmente:

La náusea, de Jean-Paul Sartre
El resto de los robots, de Isaac Asimov



























Tres zapatos de mujer,  Francis Durbridge. 

Diseño de cubierta de la revista Literair Akkoord,
que reunía una selección de artículos aparecidos
en distintas revistas literarias holandesas durante
cada año. 

Un libro de recetas inglesas


Dos gotas de sangre, de Frederic Dard.



Chinese Handwassing, de Anton Roothaert
La serie de El Santo, de Leslie Charteris. ¿Mi favorita?






































































La serie del Inspector Maigret, de Simenon.
La serie del Inspector Maigret, de Simenon.

Una de las cosas que me parecen más interesantes de Dick Bruna es el hecho de que insistiera en hacer absolutamente todo a mano hasta el final. "Un dibujo de Miffy me puede llevar un día entero. Todo un día para pillar bien el ángulo de la cabeza o la ubicación de una lágrima.”

Me fascina la defensa feroz de la importancia y de la diferencia en el resultado de dibujarlo a mano, justamente en el caso de un estilo -bidimensional, frontal, con colores primarios- que en principio podría ser un candidato perfecto para la digitalización y el "total, ¿qué más da? queda bien también". Sin duda, el trazo manual con pincel le aporta una calidez y una personalidad a la linea de las que carecen su descarada copia cursilona Cathy, amiga de Hello Kitty, por poner un ejemplo. 


Afortunadamente, además, Miffy está a salvo de que la reduzcan a Cathy porque Bruna fue claro en sus instrucciones: nadie podrá hacer más Miffys después de su muerte. ¡Que viva Miffy!



Y me despido con una de mis portadas favoritas de Dick Bruna. Voy a zambullirme un rato con éstos dos y chuparme el pulgar un ratito. 


Este libro tuvo dos portadas, uno con el pez más grande,
con una lágrima, y ésta. Me gustan las dos,
pero me encanta el rostro serio-concentrado
-ahora se interpretaría que está triste-
de la niña que nos invita a entrar al libro
sin tener que sonreír ñoñamente.. 

¡Adiós!

(c)  Texto: Ellen Duthie, 2017. Todas las ilustraciones de esta entrada son de Dick Bruna.  

jueves, 24 de noviembre de 2016

El libro que hace clap: ¡cierra ese libro!


El libro que hace clap
Madalena Matoso.
Edición original: Livro Clap. Planeta Tangerina, 2014.
Edición española: Fulgencio Pimentel, 2016.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto descubriendo una nueva lectura para compartir en voz alta. 

La experiencia es lo más parecido a tocar un acordeón que yo vaya a experimentar jamás (cuando lo leo a un grupo lo sostengo, cara afuera, con las dos manos a la altura del tórax) y da gusto ver cómo, 
al leérselo, los rostros de bebés y mayores se iluminan, sonríen, se sorprenden y ríen.
Las guardas sugieren ya un acordeón de papel. Las páginas de crédito nos muestran combinaciones infinitas de figuras geométricas que en un principio podrían ser una persona haciendo ejercicio, o muebles extraños o simplemente ensayos de letras. De repente, en el centro detectamos PALC en una página y CLAP en la otra y el cuerpo nos pide cerrar el libro para hacerlos coincidir. Ya. PALC y CLAP se han unido en un CLAP de doble capa de papel. No lo vemos porque el libro está cerrado, pero lo sabemos y da gusto saberlo y sentirse parte de la configuración de ese CLAP. 


Pero en esto es probable que no nos fijemos hasta que hayamos leído todo el libro y volvamos a empezar, fijándonos en todos los detalles. 

La pauta en realidad se establece en la primera página propiamente dicha. Se nos presenta este señor bigotudo con un címbalo en cada mano, a punto de señalar el comienzo del espectáculo. Una onomatopeya en letra grande y clara nos invita a hacerlos sonar: ¡Plas! ¡Plas!




Esta primera doble página, además de inaugurar el espectáculo, enmarca el resto del libro. Nos anuncia que éste es un libro que va a requerir de nuestra colaboración física y nos encanta la propuesta. ¿Qué vendrá a continuación?  

En las páginas siguientes se va consolidando la pauta. Ayudamos, abriendo y cerrando el libro, a dos enamorados a darse un beso, a dos chicos a chocar esos cinco, a un señor llamar a una puerta (Toc, Toc, Toc) y a la familia que hay al otro lado de la puerta a ver por la mirilla para ver quien es.  Ayudamos a una señora a ruborizarse, llevándose la mano a la boca (Oh). Hasta que justo en el centro, se nos premia con la imagen misma de lo que hemos estado haciendo desde el principio. Ñañaa, ñañaaa, ñañaaaaa. 

Y aunque ya llevamos tiempo metidos en el espíritu del asunto, y ya entendemos perfectamente el mecanismo que nos exige El libro que hace clap: abrir y cerrar, abrir y cerrar e ir descubriendo todas las variaciones y sorpresas que nos puede deparar este sencillo movimiento mecánico con la ayuda de lo que la autora ha decidido poner a nuestra disposición en cada página, este momento acordeónico sirve de confirmación de la complicidad gustosísima y juguetona que se establece entre la autora y el lector.     

A partir de este momento, el acordeón cobra alas -pequeñitas (con el flap flap flap de una mariposa) y luego grandes (con el FLAP FLAP FLAP de un gran pájaro)- hace ruidos delicados (como el del triángulo -¡ting!) y ruidos descarados (como el del tambor -¡bong! ¡bong! ¡bong!-). 

Otras veces cobra resistencia cómica, al tener que ayudar a un chico a hacer unas abdominales abriendo y cerrando el libro (Uf, uf, uf, uf), e incluso llega a cobrar peso cómico también, mientras ayudamos a un culturista a acercarse la pesa (-FFF, FFF, FFF, FFF-). 










 ¿Y qué ruido hará ese sándwich en la sandwichera al cerrarse? Pongamos el oído. 

Para acabar, como no podía ser de otra manera todos aplauden, con nuestra ayuda, abriendo y cerrando el libro sin parar mientras gritamos: ¡CLAP! ¡CLAP! ¡CLAP! ¡CLAP! ¡CLAP!



Qué nos gusta de El libro que hace clap

En Lo leemos así nos encantan los libros que llamamos "de acción". El libro que hace clap es un libro de acción en toda regla. Tiene algo de Un libro, de Hervé Tullet, en el sentido de que te exige una implicación física y te sugiere que esa implicación física tiene una consecuencia en la ficción del libro. Tú haces que dos personas se besen, tú haces que aplaudan, tú ayudas al chico a hacer sus abdominales. Te exige jugar al juego de la ficción. Sabes que es "mentira", pero estás absolutamente entregado a jugar a que es verdad, una y otra vez. Sin la acción del lector, no se materializa la ficción propuesta por la autora. ¡Sin ti el libro no es nada!

Nos encanta que en este caso, además, la acción provocada por el lector transcurra a escondidas, cuando el libro está cerrado. No podemos verlo, pero sabemos lo que está pasando y da mucho gusto saberlo y sentirse en parte artífices de todo lo que está pasando.  

También nos gusta el sentido del ritmo que tiene. Las ideas sencillas son relativamente sencillas de alumbrar. Pero ejecutarlas con sentido, con estructura y con chispa es otra cosa. Muchos libros de este tipo son poco más que una lista de acciones posibles a ejecutar por el lector, ideadas por el autor. Si la acción es graciosa el libro resultante puede resultar incluso resultón. Pero en este caso, Madelena Matoso no se conforma con una lista. Enmarca la acción y establece el patrón, poco a poco, con un ritmo controlado mientras va mostrando todas las posibilidades de la mecánica propuesta, hasta el clímax central del acordeón, a partir del cual ella y el lector se permiten jugar con el volumen de la voz, con algún ruido inmiscuido entre la acción principal, de nuevo con el humor, hasta llegar al apoteósico aplauso final.

Es un libro fantástico de leer en voz alta por muchos motivos. Es un libro lleno de movimiento, lleno de sonido, con mucho que mirar y mucho que imaginar, que exige acción por parte del lector, lleno de juego, de humor y de ingenio.

Nos encanta también porque mueve a la acción de otra manera. Mi hijo tiene 7 años y lo primero que pensó cuando lo acabamos fue en lo divertido que sería hacer el suyo propio. Es un libro que enseña a mirar, a leer y a imaginar, pero que también puede animar a crear.

Un libro para todas las edades, desde bebés hasta adultos, que recomendamos con una onomotapeya por todo lo alto: ¡Oééé´Oé Oé Oéééé, Oééééééé Oééééééé!