Cuando me refiero a "mala literatura" o, en este caso, "mala literatura infantil", me refiero a literatura cuyo autor o autora desconoce objetiva y evidentemente los principios básicos de construcción de historias, de creación de personajes y de narración. De literatura cuyo autor o autora ha dicho: '¿Escribir para niños? Eso es fácil. Yo puedo.' Hay muchos, muchos más ejemplos de este tipo de literatura que de la buena, claro. Y lo que vengo a decir hoy es que no toda viene del todo mal (de vez en cuando).
En casa tenemos mucha suerte, porque leemos muchos libros muy buenos, muy divertidos, muy entretenidos y bien construidos. Pero recientemente tenemos otra fuente de libros ajena a la familia: la biblioteca de aula. He de decir que se trata de una biblioteca de aula proveniente de una biblioteca escolar con necesidad urgente de renovación de fondos, cuya última gran compra parece haberse hecho a finales de los setenta-principios de los ochenta (al menos se trata una de las eras más doradas de la edición infantil en España, así que tampoco nos podemos quejar).
El caso es que este fin de semana, hemos traído a casa el primer libro de la biblioteca aula de este curso. No suelo escribir reseñas negativas, porque suelo pensar que la vida es demasiado corta y porque no está una en el mundo para denostar el trabajo de nadie. Pero en este caso, no sé si se puede llamar una reseña negativa, dada la consecuencia positiva de su lectura.
Mi hijo suele estar predispuesto positivamente a cualquier libro (a no ser que haya algo en la portada que le apague instantáneamente el interés por cualquier motivo extraliterario). Este caso no fue ninguna excepción. ¿Me lo lees? Pues claro. Lo leímos una vez. ¿Te gusta? Le pregunté. Sí, me dijo. Me dijo que le gustaban las ilustraciones (en las que aparecían muchos animales hechos de nube). Y le hacía gracia que el niño cerrara los ojos y dejara volar su imaginación.
Esta mañana antes de ir al colegio, quiso leerlo una vez más. Pero esta vez su reacción fue muy distinta. Cuando lo acabamos, dijo: "Mamá, este libro es muy raro". Le pregunté por qué. "Porque los niños no dicen nada, ni piensan nada tampoco. No sé ni cómo son." "¿A su personalidad, te refieres?", le pregunté. "Eso, no sé nada de su personalidad. El escritor sólo dice que pasan algunas cosas, pero no lo que piensan los niños"
Quiso leerlo una vez más. Esta vez preguntó por qué varias veces. "¿Por qué se pelean los niños?" Traté de contestarle, aunque su pregunta era una muy buena pregunta. Yo tampoco entendía por qué se peleaban los niños. Aun así, traté de contestarle según la lógica de la autora del libro: "Pues el libro dice que porque no tienen tanto sitio, al ir desapareciendo las nubes". Pero mi hijo me miró y me dijo: "esa razón no me la creo. No sé lo que están pensando, así que no entiendo por qué se pelean de repente."
Y ya era hora de irnos al cole, así que tuvimos que detener la conversación. Pero pensé que un niño de cuatro años acababa de detectar perfectamente las carencias del libro: Ausencia de personajes y falsas causas al servicio del avance de una narración con rumbo fijo hacia una metáfora forzada.
Claro que no lo podría haber detectado sin el bagaje de todos esos libros buenos que leemos todos los días, pero de repente, me pareció importante e interesante leer cosas regulares y cosas malas también. Me pareció importante exponer a los niños a calidades variables precisamente porque les ayuda a diferenciar una cosa de la otra.
La receta parece sencilla entonces: a leer, a leer y a leer un poco más. A leer mucho bueno y un poco malo también. Y a pensar sobre ello de vez en cuando.
Si funciona para un niño de cuatro años, también funcionará para profesores de infantil y primaria y personas que estén pensando en dedicarse a la literatura infantil.
No se puede recomendar literatura infantil sin haber leído mucha. No se puede escribir literatura infantil sin haber leído mucha. Mucha, mucha, mucha buena, y un poquito de la mala también.
(c) del texto: Ellen Duthie. Cópialo o reprodúcelo, pero sé buena gente y cita la fuente (autora y blog).
