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miércoles, 24 de julio de 2013

El Pequeño Rey: "¡Viva!, ¡viva!, ¡viva!"

El Pequeño Rey, General de Infantería, Ekaré 2009
El Pequeño Rey, Director de Orquesta, Ekaré 2010
El Pequeño Rey, Maestro Repostero, Ekaré 2013
Texto e ilustraciones: Javier Sáez Castán
   
Si no los conocéis, tomaos unos instantes para echar un vistazo a las portadas de los tres libros protagonizados por el personaje de El Pequeño Rey, o el abuelo-bebé -como a veces lo llama mi hijo-, de Javier Sáez Castán. Mirad bien sus expresiones, su disposición. Yo no sé vosotros, pero yo quiero saber más. Quiero asomarme y mirar; abrir la puerta y entrar.

En casa leemos muchos más libros en inglés que en español, por varios motivos. En parte para "compensar" el entorno hispanohablante y para que el idioma geográficamente desfavorecido tenga más oportunidades de prosperar, en parte porque en casa yo soy la que está más al tanto de la literatura infantil y conozco muchas más cosas en inglés que en español, pero también en parte porque me cuesta encontrar cosas que me entusiasmen. Me cuesta. Pues bien. Javier Sáez Castán me entusiasma. Su cabeza, o lo que creo percibir de su cabeza me provoca curiosidad, interés, me hace sonreír, reír, querer jugar y sobre todo, querer acompañarle a donde quiera llevarme en sus libros. Su personaje El Pequeño Rey es sin duda algo especial y la serie de tres libros en los que aparece merece, tanto individualmente como en conjunto, una celebración por todo lo alto.

Esa mirilla / linterna mágica que te invita a compartir una historia privada, a espiar el espectáculo de un niño en pleno juego, me tiene seducida, vaya. Pero no soy yo la única adolescente enamorada de la casa. Mi hijo es también fan incondicional y en cuanto proponemos leer algo en español, prácticamente el ochenta por ciento de las veces podemos estar seguros de que aparecerá con alguno de los tres libros de El Pequeño Rey con una extraña expresión de culpa en el rostro, como si le fuéramos a recriminar el hecho de que quiera leerlo una vez más.

¡Nos chifla!

Iré libro por libro, por orden de publicación (y de adquisición en nuestro caso), dando el argumento y reproduciendo algunas de nuestras imágenes favoritas de cada uno, para luego hacer un comentario general sobre la serie (¿o trilogía?) completa.

El Pequeño Rey, General de Infantería
Escucha cómo lo leemos aquí: 


El Pequeño Rey se topa con el primer miembro de su ejército:
una cochinilla concentradísima leyendo De Bello Gallico





"Una mañana, el Pequeño Rey se dio cuenta de que tenía los tres soldados rotos. Como la puerta estaba abierta, salió al jardín a buscar refuerzos...". Se va encontrando con una serie de bichos a los que va incorporando a su ejército. Después de repartir uniformes, practicar la marcha -un dos, un dos- y dar tres vivas -¡viva!, ¡viva!, ¡viva!- al Pequeño Rey, es hora de buscar un enemigo con el que luchar. Ven un par de candidatos que no convencen para nada a los bichos (un sapo al que que vemos en la imagen zampándose un bicho con alas y un topo al que vemos unos colmillos que ya quisieran muchos lobos), antes de divisar por fin al enemigo perfecto: una vaca que pastaba en el prado. Pero ocurre algo muy extraño: "cuanto más se acercaban, más crecía la vaca. ¿Sería un truco? ¿Un arma secreta tal vez?". Para contrarrestar el crecimiento de la vaca, el Pequeño Rey pone a los bichitos a comer hierba para que crezcan ellos también. Y entonces se lanzan al ataque. Todo va bien hasta que la vaca muge: "¡Muuuuuuuuuuuuuuuuu!", y salen todos huyendo a refugiarse en un cerro vecino, pero por el camino encuentran una boñiga seca del enemigo y la conquistan "en una rápida acción". Después del discurso de la victoria y tres vivas -¡viva!, ¡viva!, ¡viva!- vuelven a casa cantando himnos de infantería.

Lo que más nos gusta: la vaca creciente.

Aquí reproducimos algunas de nuestras imágenes preferidas de El Pequeño Rey, General de Infantería:
Al Pequeño Rey se le pone cara de dictador cuando los bichitos le ponen
difícil encontrar un enemigo con el que luchar. ¿Los va a atizar?
La vaca tramposa que crece a medida que se acercan tiene además un mugido temible.


Con la bandera bien anclada en la boñiga, al final hay hasta condecoraciones para los bichos. 


El Pequeño Rey, Director de Orquesta

"Una noche, el Pequeño Rey se dio cuenta de que no podía conciliar el sueño". Intenta ayudarse con el sonajero, pero se da cuenta de que necesita más músicos para su orquesta y "como la puerta estaba abierta, salió al jardín...". Se va encontrando con una serie de bichos músicos (un grillo-el solista-, unas cigarras -la sección de cuerda- y unos chicharrones). Con la orquesta ya formada, y el sonajero convertido en batuta,, todos gritaron "bravo, bravo" y se reparten las partituras, que los bichos se comen enseguida, bajo la amenaza de no recibir más si no "dan la matraca como es debido". Empieza el concierto -"¡Un.dos-tres-cuatro! ¡Un.dos-tres-cuatro!", hay otra serie de bravos y un desfile, antes de que por fin parece haber funcionado: el Pequeño Rey tiene sueño y los manda a cada uno a su agujero. Pero los bichitos están tan entusiasmados tocando que no oyen la nueva instrucción de su director y continúan tocando sin parar. Cri, cri,cri. Chrrrrr. Bzzzzzzzz. El Pequeño Rey se va enfadando cada vez más, les grita, pero no oyen nada y tocan cada vez más alto. Así que decide salir corriendo, esperando poder darles esquinazo y pasar la noche en el cerro vecino. Pero los bichitos no se separan de su director. Justo cuando el Pequeño Rey decide utilizar la batuta para atizarles hasta que se callen, les cae un rayo encima y empieza a tronar. Se abrazan todos, muertos de miedo... hasta que empiezan los aplausos de la lluvia. Plas plas plas. Y todos los bichitos gritan "bravo, bravo" y se vuelven a casa a dormir.

Lo que más nos gusta: La desesperación de El Pequeño Rey por que los bichos se callen de una vez. Mi hijo ha dicho más de una vez que esta parte le recuerda al cuento de Los grillos, en Sopa de Ratón de Arnold Lobel donde una ratona se vuelve loca mandando a callar a unos grillos que se toman sus gritos como ánimo para seguir y tocar más alto todavía.

Aquí reproducimos algunas de nuestras imágenes preferidas de El Pequeño Rey, Director de Orquesta: 
Arrancando el concierto. 


El Pequeño Rey huye desesperado. 

¿Para qué sirve una batuta?


Aplausos y más bravos
El Pequeño Rey, Maestro Repostero
Hartito de compota
"Una tarde, el Pequeño Rey se dio cuenta de que estaba harto de merendar siempre compota". Se puso su gorro de cocinero y "como la puerta estaba abierta, salió al jardín..." Allí va encontrándose algunos pinches que le ayudaran a cocinar su plato estrella: Mojiganga a la Petit Roi

Es la primera vez que los bichitos cocinan, pero las instrucciones del Pequeño Rey son claras: remover las melazas mientras él va a buscar otros ingredientes. En las siguientes páginas, entre brindis al Pequeño Rey -¡chin chin!, ¡chin chin!- los bichos pasarán de ser los pinches a formar parte de los ingredientes (los más alargados se convierten en croquetas; los más rechonchos en albóndigas), para finalmente convertirse (al principio para el gran horror de El Pequeño Rey, pero enseguida para su gloria de cocinero) en los comensales. Y todos volvieron a brindar y se fueron para casa a merendar. ¿Que qué va a merendar el Pequeño Rey? Pues compota, ¿qué iba a ser?

Lo que más nos gusta: El cambio de rol de los bichos. Nos gustan todos, pero especialmente gracioso es cuando pasan de pinches a ingredientes. Mi hijo me ha pedido que deje apuntado que éste es el único de los tres libros en el que la imagen de la portada no es la primera imagen del libro. Pregunta ¿por qué? (por si alguien sabe la respuesta).

Aquí reproducimos algunas de nuestras imágenes preferidas de El Pequeño Rey, Maestro Repostero: 

El Pequeño Rey desvela a sus pinches el nombre de la receta que van a preparar

Los pinches lo han removido muy bien



Azotando a los ingredientes gorrones

¿Vale que erais comensales? 

Qué nos gusta de los libros de El Pequeño Rey

Mi hijo tendría unos 2 años y medio aproximadamente cuando compramos El Pequeño Rey, General de Infantería (ya han pasado dos años). Desde la primera lectura, le fascinó este bebé con cara de abuelo, concretamente de su abuelo (¡mi suegro!). No sabemos cómo se lo tomó el suegro, pero mi hijo se lo mencionó varias veces en diversas ocasiones en las que vinieron a casa e incluso le pidió que se lo leyera, lo cual ya le parecía el colmo de la gracia.

Desde el principio también le gustaban mucho las palabras. Gorgojos, cochinillas y cucarachos, repetía, practicando la dicción. GOR-GO-JOS. Y por supuesto, los ¡vivas! de los bichitos al Pequeño Rey. Incluso hemos tenido discusiones en casa acerca de cómo deben cantarse los vivas. ¿Decimos "¡Viva el rey! ¡Viva el rey! ¡Viva el rey!", o es suficiente con decir "¡Viva!, ¡viva!, ¡viva!"? La respuesta de mi hijo es firme: tres "vivas" a secas y no se hable más.

Son tres libros fantásticos para leer en voz alta y pueden leerse desde edades muy tempranas. El diálogo, con las exhortaciones, los vivas, los bravos y los chin-chines, las cancioncitas, onomatopeyas, discursos, exaltaciones y repeticiones puntúan la lectura en voz alta, asegurando la atención de los oyentes y haciéndolo muy divertido de leer y de escuchar.

Nos encanta la circularidad de las historias, que empiezan y acaban en la casa, y que se refleja en los marcos redondos a modo de mirilla o peep show por el que se nos invita a espiar a este abuelo-bebé-Humpty-Dumpty en toda la gloria de la intimidad de su juego, manipulando su entorno a su antojo para el único fin de divertirse, entretenerse y contarse a sí mismo. 

Me encanta la narrativa de juego del Pequeño Rey -de los niños- mediante la cual construye, estira, dobla y derriba la realidad a su antojo para luego reconstruirla, con esa frescura y flexibilidad para reinterpretar la dirección según van aconteciendo las cosas. Pero me encanta sobre todo el paralelismo que se establece entre esa narrativa de juego de los niños y el propio trabajo del autor en el proceso de creación literaria. El Pequeño Rey va creando su historia o su narración sobre la marcha. Él va interpretando y reinterpretando para seguir con el juego y lo comparte con nosotros los lectores para que nosotros podamos seguir con el cuento. Hay una sensación de creación conjunta de la historia o, al menos, de ser partícipes de la creación del juego por parte de El Pequeño Rey, compartiéndose con el lector cada una de sus decisiones. Pero esta creación del juego es la de El Pequeño Rey (el niño que juega) y la de Javier Sáez Castán (el autor que juega) y el paralelismo entre ambas cosas es mágico. 

El Pequeño Rey es una oda a la casualidad afortunada como algo potencialmente dotado y dotador de sentido, como una fuerza directora tanto del juego como de la creación. 

Me encanta la idea de oportunidad casual: "como estaba la puerta abierta...", "como el portón estaba abierto"... , con la que Sáez Castán te invita, literalmente, a introducirte en el mundo creado de El Pequeño Rey. Es a la vez estar y observar. Es mirar y sentirse dentro. Es el libro como escenario, reforzada aún más por lo idéntico del decorado y de los actores... El Pequeño Rey te invita a pasar. Pasa pasa, te invito a que veas lo que vamos a representar hoy. Pero lo represento para mí, que es mi juego imaginativo, mi forma de vivir, casi, y lo represento para vosotros, que podéis ver mi juego (y el del autor) y disfrutar de mi creación y de mi jugueteo.

Nos encantan los tres libros cada uno individualmente, pero también el conjunto de los tres y las interrelaciones entre los tres. Hablo de mí, pero también de mi hijo.

Un ejemplo muy gráfico de lo que digo ocurrió justo hace un par de días. Llevo tiempo intentando sacar tiempo para hacer este post y por eso los tres libros han estado fuera en alguna mesa todos estos días. Pues bien. El otro día me encontré a mi hijo con los tres libros abiertos por la primera página, comparándolas atentamente. Alzó la vista y me dijo, "¿te has fijado en que empiezan igual?". Le contesté que efectivamente, era muy parecido. "En todos", me dijo, "el Pequeño Rey tiene un problema, pero son problemas diferentes". Asentí y fui a hacer otra cosa, pero me llamó e insistió en que me quedara. Pasó a la segunda página de cada uno de los libros. ¿Ves, Mamá? En todos decide salir por la puerta para solucionar su problema. Y en todos tiene suerte porque está la puerta abierta. Y en todos se encuentra con unos bichitos. Y siguió mirando los tres libros y viendo similitudes y diferencias, hasta llegar a los tres finales. "Son iguales pero son distintos", me dijo, bastante satisfecho de su descubrimiento. Y pensé que esa es una de las cosas tan fantásticas de El Pequeño Rey. Su delicioso y placentero juego ficcional es divertido en sí. Pero a la vez introduce a los lectores a los propios elementos de la creación literaria, convirtiéndolos en una parte fundamental del disfrute, también para los más pequeños. Los tres libros juntos permiten desentrañar de forma intuitiva y directa parte de los hilos y los cimientos de la creación literaria. En otras palabras, enseña lo increíblemente divertido y travieso que puede resultar crear. 


Hay mil cosas más que decir sobre los libros de El Pequeño Rey. Las ilustraciones están llenas de chistes y cosas a las que seguir la pista. En El Pequeño Rey, Director de Orquesta el sonajero se convierte en batuta y más tarde en paraguas. En El Pequeño Rey, Maestro Repostero hay todo un juego con la marca de las melazas (Fat Boy) con la cara de un niño que va cambiando durante el cuento y un saco de harina con un fantasma que desaparece. Cada vez que abres alguno de los libros, hay algo nuevo en lo que fijarse.


Mi hijo se reconoce mucho en El Pequeño Rey ("a él le gusta jugar con sus bichitos y a mí con mis muñequitos") y le encantan sus enfados y sus soluciones. Sobre todo, se ríe mucho. 


Por primera vez, en esta ocasión nos "lee" él el cuento: 


Por último, si tuviera que resumir por qué me gusta tanto el trabajo de Javier Sáez Castán en general  y en El Pequeño Rey en concreto, creo que elegiría la palabra contagioso. Contagia ganas de mirar, ganas de jugar, ganas de crear. Contagia diversión. Es lo que pasa cuando un autor se lo pasa pipa creando, que se "pega".

Nota añadida el 6 de enero de 2014:
Hace unas semanas, mi hijo me preguntó si había más títulos de El Pequeño Rey, además de los tres que ya tenemos. Le dije que no, que los teníamos todos. 'Pues se me ocurren más libros de El Pequeño Rey'. ¿Por ejemplo?, le pregunté. "El Pequeño Rey Barrendero', por ejemplo. O 'El Pequeño Rey Doctor de Medicina." Me parecieron títulos geniales. "Los quiero escribir. ¿Puedo?". Y este es el resultado del primer título:


Nota añadida el 3 de septiembre de 2015:
El pasado mes de julio, tuvimos ocasión de darle un ejemplar a Javier Sáez Castán de El Pequeño Rey Barrendero. Hace un par de días, nos hizo llegar un regalo un tanto especial (!), con el que toda la familia estamos babeando. Espectacular El Pequeño Rey Barrendero en papier maché que hizo el autor especialmente para el pequeño Iain. Por aquí anda un niño un poco emocionado con su regalo. Gracias, Javier.


(c) de todas las ilustraciones de este post, Javier Sáez Castán y Ekaré, 2009, 2010, 2013.
(c) del texto, Ellen Duthie. Cópialo o reprodúcelo, pero sé buena gente e incluye la fuente (autora y blog).

4 comentarios:

  1. ¡Ya lo estoy encargando! ¡gracias poe esta nueva recomendación!

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  2. Me ha encantado este post. Literatura y juego, risa, empatía, y sobre todo la intensidad de un libro que no se acaba nunca, que una y otra vez se abre y vuelve a abrir y siempre es un acontecimiento y una sorpresa. Yo siempre que lo veo me acuerdo de Alicia y me alegro de ser lectora.
    En septiembre, cita segura, Ellen, sobre una cervecita o un café y... libros!

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  3. María, ¡me alegro de que te haya gustado!

    Malena, gracias por tu comentario. Nos vemos en septiembre, ¡sí!
    Un abrazo,
    Ellen

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