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sábado, 23 de abril de 2016

Salomón el clavo oxidado, de William Steig: ¿Acaso mueren los clavos?

Solomon, The Rusty Nail. 
William Steig.
Farrar, Straus & Giroux, 1985.

Hoy es el Día Internacional del Libro y lo celebramos compartiendo una de nuestras lecturas en voz alta preferidas de todos los tiempos (en inglés). 

Solomon, The Rusty Nail (Salomón el clavo oxidado) es la historia de un conejo con el intrigantemente inútil poder de convertirse en clavo oxidado y luego de nuevo en conejo cuando le viene en gana. Lo que comienza como un truco gracioso para confundir a amigos y familiares, acaba siendo, primero, lo que le salva la vida y luego lo que le sume en una angustia existencial de difícil solución. Todo acaba bien, pero los lectores se nos tiene en vilo hasta el ultimísimo momento. 

Podéis leer más acerca de las razones por las que nos chifla William Steig en la reseña de otro de nuestros favoritos indiscutibles, El hueso prodigioso donde también menciono a Salomón y otros cuentos de Steig sobre transformaciones y angustia en objetos inanimados. 

¡Feliz día del libro! Que lo disfruten.


lunes, 18 de abril de 2016

III Concurso de lectura en voz alta Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES?

Ilustración de Arnold Lobel,
de Tales of Oliver Pig (Jan Van Leeuwen)


Lo leemos así presenta....

III Concurso de lectura en voz alta 
Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES? 

En primavera del 2013, para celebrar nuestro segundo aniversario, organizamos por primera vez el concurso de grabaciones de lecturas en voz alta Y tú, ¿cómo lo lees?

Debido al éxito de la primera edición y de la segunda edición celebrada en 2014 y tras las las numerosas indagaciones respecto a si se iba a repetir este año (en 2015 no pudimos), en este año en que cumplimos nada más y nada menos que cinco años (¡cinco!) nos hemos decidido a lanzar la tercera edición de Y tú, ¿cómo lo lees?. El premio: dos libros a elegir de entre los reseñados en este blog (no se incluyen los libros descatalogados; ver lista al final de este post) o bien dos libros sorpresa, seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año. 

Instrucciones: 
1. Elige uno de tus álbumes ilustrados favoritos, el que tú quieras. 
2. Practica su lectura en voz alta (si te hace falta). 
3. Grábalo o bien en vídeo o únicamente con sonido. 
4. Súbelo a un sitio como dropbox o soundcloud (o similar). 
5. Comparte el vínculo en un comentario en este mismo post y...
6. Envía un email a ytucomololees@gmail.com contándonos un poco sobre ti, con una foto si quieres y por qué elegiste ese libro. Por favor, no te olvides de incluir el vínculo a la grabación en el email también.  
7. Las grabaciones deberán ser en español
8. La grabación puede ser:
  • de un padre o madre o cuidador leyendo a un niño/a o a varios niños
  • de un docente leyendo a un niño/a o varios niños 
  • de un niño o niña leyendo a otro niño, a su padre/madre/abuelo/abuela... o a sus amigos del colegio.
9. Se pide emoción y entrega y no se penalizará en absoluto la interacción (¡ooh! ¡aaaah!).
10. La fecha límite para participar es el 31 de mayo de 2016. No se tendrán en consideración las grabaciones recibidas con posterioridad a esta fecha.  
11.  Se aceptan grabaciones de todo el mundo. La única restricción es el idioma: español.  
12. No importa la edad.   
13. El ganador o ganadora recibirá como premio un glamuroso post con la grabación premiada, como el de la primera edición y como el de la segunda edición más 2 libros sorpresa seleccionados por el equipo de Lo leemos así de entre los que más nos han gustado en el último año o bien 2 libros a elegir de entre los siguientes reseñados en Lo leemos asi:  
*En caso de que alguno de los títulos se descatalogara de aquí a la fecha del fallo, se excluiría de la lista de posibles libros a elegir.  
15. ¡Buena suerte!
16. La decisión del ganador/ganadora será necesariamente subjetiva, e inapelable.  

Lee el post del fallo de la primera edición, y escucha la grabación ganadora.

Lee el post del fallo de la segunda edición, y escucha la grabación ganadora 

sábado, 9 de abril de 2016

Censura en la literatura infantil: ¿somos todos culpables? Perry Nodelman se lo pregunta en el editorial "Tres grados de censura"

Entre los muchos artículos interesantes que el escritor, crítico y profesor de literatura infantil Perry Nodelman está subiendo (con libre acceso) a su página de Academia.edu, este editorial cortito escrito en 1983 para el Children's Literature Association Quarterly, 8,1, me ha gustado especialmente. 

En él Nodelman se pregunta si no seremos todos culpables de censura en lo que a literatura infantil respecta, distingue tres grados del crimen de la censura y sugiere que la censura en tercer grado, la que cometen los rectos odiadores de la censura para evitarse problemas con los detestables censores en primer grado, es la más insidiosa de todas. 

Aquí lo tenéis en una traducción (mía) un tanto apresurada pero aceptable. 




Children’s Literature Association Quarterly 8, 1 (Spring 1983) 2. 
Autor: Perry Nodelman

Al escuchar con horror las horrorosas historias de quema de libros relatadas por los participantes de una de esas mesas redondas sobre censura que últimamente se han vuelto obligatorias en congresos sobre literatura infantil, de repente advertí cuánto estaba disfrutando de mi indignación. Para la mayoría de las personas a las que nos importa la literatura, la censura es directamente contraria a nuestros principios. Es fácil de odiar. Cuando nos topamos con ella, actuamos más como verdaderos creyentes luchando contra una panda de heréticos deplorablemente errados que como las personas razonables, humanas que consideramos que somos. Pero estando ahí sentado, sintiéndome, con todas las demás personas en la sala, superior a aquellos quemadores de libros descerebrados de los que nos hablaban, empecé a pensar si no seríamos nosotros mismos, de alguna forma no del todo evidente, también culpables. Como posibles pruebas a favor de esta hipótesis, ofrezco a continuación algunas viñetas recientes de mi vida como profesor de literatura infantil, algunas de las cuales son y algunas de las cuales podrían ser, casos de censura.

Caso número 1: Un episodio merecedor del típico sentimiento de auténtica indignación. Un presentador de telediario me invita a comentar sobre una decisión del consejo de una escuela de retirar una serie de libros de sus bibliotecas (libros que los miembros del consejo no han leído ellos mismos pero que uno o dos padres preocupados han proclamado inaceptables). Uno de los libros es sobre un niño que toma drogas y muere, lo cual evidentemente animará a los jóvenes de mente débil a drogarse y morirse también ellos. Incluso peor, el otro es un libro sobre judíos haciendo cosas típicamente judías, y por lo visto animará a esos mismos jóvenes de mentes débiles a ir por ahí con gorritos ridículos, babeando ante cada escaparate de encurtidos picantes que se encuentren. Le digo al entrevistador que cualquiera que crea que a los jóvenes se les convence tan fácilmente nunca se ha propuesto convencer a un niño que pruebe el colinabo.

Mi veredicto: los miembros del consejo del colegio son culpables de censura en primer grado: culpables de creer estúpidamente que los niños que únicamente conocen cosas aceptables actuarán siempre de forma aceptable; culpables de creer arrogantemente que la bondad de los jóvenes es, a diferencia de la suya, demasiado débil para sobrevivir al conocimiento del mal; culpable de creer impíamente, en su esfuerzo por hacer que todos los niños se ajusten a sus propios estrechos valores, que los únicos otros con los que uno debe hacer el bien son aquellos otros que son como uno mismo. Pero yo también soy culpable de censura en primer grado; desde luego que me gustaría que esos miembros zoquetes del consejo de la escuela se abstuvieran de hacer declaraciones ignorantes sobre mi asignatura y se dedicasen a otros menesteres.

Casos 2, 3 y 4: En el Caso número 2, mis estudiantes rechazan un antiguo poema para niños por su evidentemente excesivo tono moralizante sobre el deber hacía los padres; pero dos minutos más tarde, están todos de acuerdo en que los niños podrían conectar con un poema que anima de forma un tanto excesiva a ser imaginativo y a tener una autoimagen positiva. En el Caso número 3, un estudiante me entrega un ensayo en el que me dice que los niños no podrían conectar con un poema que menciona Scotland Yard porque, a no ser que vivan en Escocia, no sabrán lo que es Scotland Yard; ella no ha ido a Escocia pero le gusta mucho el poema. En el Caso número 4, mis estudiantes me dicen que los niños podrían conectar con un cuento en el que un niño carda lana y que les enseñaría información útil sobre cómo cardar lana. Pero otra historia, una historia folclórica africana sobre un hombre muerto de hambre que consigue comida de una calavera parlante no es algo con lo que puedan conectar los niños porque los niños nunca han visto una calavera parlante, no están muertos de hambre y, lo peor de todo, les perturbaría el hecho de que un hombre muera por no seguir el buen consejo que le da la calavera, sin siquiera una mísera segunda oportunidad.

Mi veredicto en los tres casos: mis estudiantes son culpables de censura en segundo grado, que es censura en primer grado disfrazada de cliché pedagógico sobre la infancia: culpables de asumir que los niños pueden conectar únicamente con lo que ya conocen; culpables de estar de acuerdo con los censores en primero grado en que los niños son todos frágiles y fácilmente desviables del buen camino, con la diferencia de que la bondad para los censores en segundo grado no es la salud espiritual sino el equilibro mental y la normalidad social; culpables, además, como personas educadas exclusivamente a base de cosas con las que sus profesores pensaban que podrían conectar, de una profunda ignorancia sobre el mundo en el que viven (porque viven en una ciudad en la que pocas personas cardan lana y en la que muchas personas están muertas de hambre; y, como descubrí con horror, casi ninguno sabe dónde está Scotland Yard); culpables, sobre todo, de aceptar irracionalmente los supuestos irracionales sobre el crecimiento humano y el desarrollo y las conexiones en la infancia que son el opio de las masas pedagógicas del momento, sin siquiera pensar sobre ellos. Y supongo que yo también soy culpable. Culpable, dicen mis estudiantes, de pensar que mis opiniones son mejores que sus opiniones simplemente porque he pensado sobre ellas; de asumir que sé más que el establishment pedagógico que critico; y de censurar el derecho de mis estudiantes a pensar pensamientos estúpidos y a regirse por ideas irreflexivas. Sí, soy culpable de todo esto y estoy orgulloso de ello.

Caso número 6: A mis estudiantes les encanta el libro de John Neufeld “Freddy's Book” (que contiene una palabrota muy palabrota, pero sin embargo enseña a los niños sobre cosas con las que pueden conectar). Pero cuando pregunto a la clase si tienen intención de usar el libro más adelante en sus vidas profesionales como profesores y bibliotecarios, me dicen que desde luego que no lo comprarían para sus bibliotecas o aulas, ni se lo recomendarían a niños. Es bueno, es bueno para niños; pero algún padre entrometido y estúpido que cree en la censura, esa cosa tan horripilante, lo descubriría y montaría un pollo, y entonces ellos probablemente perderían su empleo simplemente por saber lo que realmente era bueno para los niños; no, es probable que acabaran permitiendo que los niños en sus escuelas y bibliotecas leyeran únicamente esas cosas moralistas y anticuadas que los estúpidos padres aprobarían sin rechistar. Bien, pues hago una pequeña investigación y descubro que no encuentro ni rastro de un solo ejemplar de “Freddy’s Book” en las estanterías de ninguna escuela o biblioteca pública en toda la provincia de Manitoba.


Mi veredicto: Mis estudiantes (y muchos profesores y bibliotecarios) son culpables de censura en tercer grado: censura cometida por personas que temen a los censores en primer grado, y por tanto se encargan ellos mismos de censurar para evitar el problema; culpables de privar a los niños de libros que ellos piensan que los niños deben tener porque piensan que otras personas menos sabias querrán privar a los niños de esos libros. La censura en tercer grado sigue siendo censura, porque tiene el mismo efecto: priva a los niños de libros.  De la censura en tercer grado, me considero inocente, inocente pero sin haber sido puesto a prueba. Como le dije una vez al padre de un estudiante que me llamó para quejarse de la novela que estaba obligando a leer a su niño de veinte años, no doy clase a niños. Si esa persona de veinte años era un niño, entonces es evidente que no debería de haber estado inscrito en un curso universitario de literatura inglesa. ¿Pero y si diera clase a niños? ¿Me sería tan fácil actuar según mis convicciones? ¿Insistiría en que mis estudiantes tuvieran acceso a toda la enorme variedad de literatura a la que creo que los niños deberían tener acceso? He de admitir que sencillamente no lo sé. Pero sí sé que la censura en tercer grado es la censura más insidiosa: censura perpetrada por personas que odian apasionadamente la censura. Trataré de recordarlo la próxima vez que vaya a un congreso y disfrute indignándome con historias de quema de libros.
Perry Nodelman
Children’s Literature Association Quarterly 8, 1 (Spring 1983) 2. 

   

martes, 1 de marzo de 2016

Caballito de mar: ¡Clic! ¡Clic! ¡Clic!

Seahorse, de Robert A. Morris, con ilustraciones de Arnold Lobel
A Science I CAN READ Book
Harper, 1972
Con el montón a punto de convertirse en montaña de libros pendientes de incluir en este blog, con las muchas reseñas incluso empezadas o medio escritas ya y con el poco tiempo disponible que tengo, ¿por qué esta urgencia por escribir sobre este libro, apenas doce horas después de haberlo recibido por correo y leerlo por primera vez? 

Lo he leído esta mañana con mi hijo, a escasas semanas de su séptimo cumpleaños y lo hemos disfrutado los dos muchísimo. Luego lo he leído en voz alta a mis socias de Wonder Ponder mientras desayunábamos y también han quedado encandiladas.

Es un libro "pequeñito", con lo cual quiero decir que no hay fuegos ni juegos artificiales. Es una sencilla narración de poco más de 1000 palabras sobre los caballitos de mar. Es un libro informativo narrado como una historia, pero sin "cuentificar" en exceso. Lo más parecido que se me ocurre desde un punto de vista textual, y quizás también visual, es un documental de naturaleza de la BBC.

Tras la portadilla (derecha), donde se nos presentan varios detalles en primer plano a modo de rompecabezas intrigante, con algunas de las piezas esenciales para conocer a los caballitos de mar, nos sumergimos de lleno en el mundo del caballito de mar.

"Hay una gran tormenta en el mar. Las enormes olas rompen con fuerza en la orilla. Muchos animales marinos se alejan nadando a aguas más profundas. Ahí el agua está más tranquila. Pero algunos animales se quedan cerca de la orilla. Uno de estos animales es un pez. No se parece a la mayoría de otros peces. Es un caballito de mar.

¡CRASH! Una enorme ola arranca al caballito de las algas. Lo arrastra mar adentro. Va flotando a la deriva en el agua. No tiene nada a lo que agarrarse. Está en peligro, porque sus enemigos pueden verlo. Un trocito de alga pasa flotando. Rápidamente, el caballito de mar enrosca la cola en el alga." 

Una vez a salvo, enroscado en un tallo de alga, vamos conociendo su hábitat, su forma de comer, qué come y quién le puede comer a él, los peligros que debe sortear y la precariedad de su existencia, el tipo de algas donde vive, las distintas aletas que tiene -a la espalda, a los lados de la cabeza, debajo del estómago-, los ojos que se mueven independientemente, cómo cambian de color y se camuflan, cómo procrean y cómo nacen los caballitos. Aprendemos muchas más cosas acerca del caballito de mar, pero todo insertado en una narrativa, en un viaje que empieza con una tormenta y acaba cuando la pareja de caballitos se queda sola sin su prole, que nace autosuficiente ya, en las aguas tranquilas de una bahía protegida, llena de ricas algas a las que agarrarse y de alimento para sobrevivir.

Hay momentos de verdadera tensión:

Un día, un pez limón gigante se acerca nadando. El pez limón tiene hambre. Come pequeños cangrejos y peces. También come caballitos de mar. El caballito se queda muy quieto. El pez limón se acerca cada vez más.

¡FUISH!

Atrapa a un pequeño cangrejo y se lo come. El pez limón pasa muy, muy cerca del caballito de mar, pero no lo ve. Sigue hambriento y se aleja nadando, en busca de más comida.
 

O este otro, donde mientras sufrimos por el peligro y el esfuerzo que debe realizar el protagonista de nuestra historia, descubrimos algunos detalles francamente curiosos sobre él:

Un día el caballito de mar suelta el alga. Empieza a moverse hacia otro trozo de alga. El otro trozo no está lejos, pero para un caballito de mar es un viaje muy largo. No tiene nada a lo que agarrarse. 

Se lo puede llevar la corriente. Podría comérselo un pez grande. Mueve la pequeña aleta que tiene en la espalda. Mueve la aleta cada vez más rápido. Pronto, se está moviendo tan rápido que no se ve.

La aleta hace que el caballito se mueva. ¡Pero se está moviendo en la dirección equivocada! Empieza a mover las aletas que tiene a los lados de la cabeza. Parecen orejas. Mueve una de las aletas más rápida que la otra. Rápidamente se gira. El caballito usa estas aletas para girar en una u otra dirección.

Tiene una pequeña aleta debajo del estómago que le ayuda a mantenerse erguido en el agua. En un minuto completa el viaje a su nuevo hogar en las algas. Ahora ya está a salvo. 

Se juega constantemente con la perspectiva, a veces alejándonos para hacernos espectadores externos y otras veces acercándonos para hacernos sentir parte del mundo del caballito de mar. 

Mi hijo lo resumió perfectamente al decirme una de las cosas que hacían que este libro fuera tan cautivador:  "me ha hecho imaginar y sentir cómo sería vivir bajo el mar, y cómo sería ser tan pequeñito". 

De los detalles de las aletas de arriba pasamos a un plano general que nos hace ver el conjunto desde fuera, si bien el texto que lo acompaña nos hace oír los ruidos que oye el caballito, acercandonos a su perspectiva: 

¡CLIC! ¡CLIC! ¡CLIC!
¡Qué ruido tan raro!
En el mundo subacuático es normal que haya muchos ruidos.
¡SNAP! ¡SNAP! ¡SNAP! hace un pequeño camarón.
¡CROC! ¡CROC! ¡CROC! hace un pez.

Enseguida, de nuevo, ese ¡CLIC! ¡CLIC!
No es la primera vez que el caballito oye este ruido.

Los caballitos hacen este ruido moviendo el cuello.





Y del plano general, nos vamos a un primerísimo plano que nos muestra detalles de ambos ojos, que nos sirve para aprender que los ojos de los caballitos son capaces de moverse cada uno para donde quiera, y también para acercarnos a la sensación de búsqueda del caballito. ¿Qué es ese ruido?  

El caballito de mar gira uno de sus ojos al frente.
Gira el otro ojo atrás.
Cada ojo se mueve por su cuenta.
Por fin, encuentra al otro caballito de mar.
Es una hembra.
Se acerca nadando lentamente hacia ella y la saluda.
¡CLIC! ¡CLIC! ¡CLIC!
Ella tiene dos años.
Él tiene la misma edad.
Durante un rato, unen sus colas.
Luego los dos enroscan sus colas en las algas. 






Este paso de plano general a primer plano también nos muestra la perspectiva de la cadena alimenticia: 

De esto: 


a esto: 

A esto, donde además de acercarnos a la experiencia alimenticia del caballito, aprendemos que el caballito succiona los alimentos, en este caso un rico camarón, por el hocico.


A veces la imagen aleja mientras el texto acerca, o lo contrario. Como aquí, donde la imagen aleja:  


Mientras el texto empieza con la misma perspectiva que la imagen pero acaba por acercarnos y meternos dentro, pequeñitos, en la imagen: 

"La tormenta ha amainado. El mar está en calma. Llegan más algas y más algas todavía. Pronto el mar está cubierto con un enorme manto de sargazo marrón. El caballito y su trocito de alga están ahí adentro."

Esa última frase te hace por un lado tratar de buscar al caballito en la imagen (en vano) y por otro sentir e imaginar la pequeñez del caballito entre todas esas algas. 


El libro está escrito para leerlo a solas, a esas edades en las que cuesta tanto arrancar a leer a solas. Sabes, pero cuesta. Forma parte de la excelente y revolucionaria colección de libros "I Can Read", creada por la editora Ursula Nordstrom para Harper. Éste en concreto pertenece a la serie de libros de ciencias dentro de esa colección. Lo que me encanta de esta serie (a la que pertenecen los libros de Osito, de Elsa Minarik y Sendak y de Sapo y Sepo de Arnold Lobel) es que permite que los niños lo lean a solas, pero también son perfectos para leer en voz alta. 

Al leerlo, también me he preguntado si una parte de la producción actual de libros informativos o de non fiction no estará, como decimos en inglés, "trying too hard". Esforzándose demasiado en hacer algo original, a veces, en lugar de en contarlo bien. Este libro está muy, muy, muy bien contado, tanto en imagen como en texto. Y da gusto. 

Y acabamos como acaba el libro:   

Se inclina como si tuviera un dolor de barriga.
¡POP!
Sale disparado un caballito bebé.
¡POP!
Tres bebés más salen disparados de la bolsa.
¡POP!
Doce más salen disparados.












Pronto hay cientos de caballitos de mar bebés en el agua.

Miden lo mismo que la nariz de su padre.

Muchos enroscan la cola en la seda de mar.

Empiezan a comer plancton. Son capaces de cuidar de sí mismos.

A algunos de los bebés se los lleva la corriente. Vivirán lejos de sus padres.

No todos los caballitos de mar bebés llegarán a grandes.

A algunos se los comerán peces más grandes.

La bolsa del caballito de mar macho está vacía.
Parece más pequeño.
No volverá a llevar huevos hasta dentro de muchos meses.
La hembra se queda a su lado.


Ya casi ha oscurecido.
¡CLIC! ¡CLIC! ¡CLIC!
Los caballitos en la seda de mar buscan alimentos.
¡SLUP! ¡SLUP! ¡SLUP!
Los caballitos succionan minúsculos animales.
El macho y la hembra se quedarán en la bahía tranquila durante mucho tiempo.   




(c) de todas las ilustraciones, herederos de Arnold Lobel, 1972. Del texto de la reseña, Ellen Duthie (permiso para copiar o reproducir, pero por favor, citando al blog y a la autora). La traducción del texto de los extractos de Seahorse es mía.  


viernes, 10 de julio de 2015

La serie "Little Books", de John Burningham: "y se hizo pis en las flores"

Serie "Little Books"
John Burningham
The School -La escuela- (1974), The Snow - La nieve - (1974)The Baby -El bebé- (1974)The Rabbit -El conejo- (1974), The Dog -El perro- (1975), The Cupboard -El armario- (1975)The Blanket -El arrullo- (1975)The Friend -El amigo- (1975).
Originalmente editados por Johnathan Cape. Actualmente descatalogados. 



Publicados originalmente en 1974 y 1975 pero actualmente descatalogados ya desde hace unos años (aunque algunos de ellos tuvieron reimpresiones hasta entrado el siglo XXI), esta maravillosa serie de geniales libritos (Little Books, ni más ni menos), de John Burningham es a la vez un recuerdo de infancia y una advertencia adulta del tipo "madre-mía-que-cosa-tan-sencilla-pero-al-mismo-tiempo-tan-increíblemente-difícil-de-hacer". 

Cada uno de estos libritos tiene 9 dobles páginas, con texto sobre fondo blanco a la izquierda y una ilustración a la derecha. El número de palabras va desde 27 (The School) hasta 65 (The Blanket). En estas pocas palabras y pocas páginas, Burningham logra encajar magistralmente la historia de una experiencia desde el punto de vista de un niño: una experiencia -a menudo una primera experiencia- con principio, mitad y fin y con sitio para el desarrollo del personaje en algún lugar entre la primera página y la última. 

Burningham escribe sobre estos libros de "primeras experiencias" en su autobiografía John Burningham (Johnathan Cape, 2009): 
'Cuando tienes niños pequeños, los observas. Conoces a otras personas con niños pequeños y te fijas en ese mundo. Cuando mi hija Lucy tenía dos años, se solía despertar increíblemente temprano por la mañana, como la mayoría de los niños de esas edad. Había un programa en la radio, 'Make Yourself at Home', que se retransmitía para inmigrantes del continente Indio para el aprendizaje del inglés. El programa empezaba con un poco de música india. Hubo un día, en el que Lucy de repente se puso a hacer los movimientos del baile con los brazos. Era extraordinario observarla, porque era instintivo.' 

Estos libros hablan desde un punto de vista del niño y hablan directamente al niño lector de un modo en el que muy pocos libros infantiles logran hacer. Son el resultado de una atenta observación de cómo los niños observan, viven y comprenden el mundo en el que viven. 

El mundo de la serie de The Little Books es uno en el que los adultos dan mensajes contradictorios, las experiencias emocionantes contienen a veces peligros o accidentes, un bebé aparece de repente en tu casa y parece ser que es para siempre, o el perro del vecino viene de visita por un día - y se hace pis en las flores del jardín.

El primero de la serie es The School , el más corto y quizás el más sencillo de todos.


'Cuando voy a la escuela / aprendo a leer / y a escribir / canto canciones / almuerzo / juego / hago amigos / y luego vuelvo a casa'

La mayoría de las ilustraciones son frontales, casi como si los perfiles no se hubieran inventado aún, imitando dibujos reales de niños a esta edad En muchas de ellas, el niño nos mira desde la página y nos lo cuenta todo.

Una de las cosas que más me gustan de estos Little Books es cómo consiguen transmitir el sentido del paso del tiempo de un niño pequeño, por el que un día pueda condensarse satisfactoria y completamente en 27 palabras.

El siguiente es The Snow -la nieve-.


'Un día nevó / Mamá y yo hicimos una bola de nieve enorme / Hicimos un muñeco de nieve / Me senté en el trineo / Mamá me llevó / Pero me caí del trineo / Perdí un guante y tenía frío / Así que nos fuimos para dentro / Espero que la nieve esté mañana'

La imitación no está solo en los geniales dibujos. También está en el texto, que refleja exactamente el modo en que un niño podría contarte aquel día que nevó. La historia logra combinar la emoción de un primer día de nieve, el orgullo y satisfacción de haber construido algo, el gusto de jugar con Mamá, el accidente y la sensación de dolor y decepción que lo acompaña, y el guante perdido y el frío. Pero todo se arregla volviendo para dentro. El día ha sido intenso, con diversión y lágrimas. ¿Y no sería maravilloso que lo volviéramos a hacer todo mañana?  

El sentido del tiempo que mencionaba en The School incluye también el futuro. Por favor, que haya otro hoy mañana. ¡Otra vez! ¡Otra vez! ¡Otra vez! 

En The Baby, el bebé no tiene ni nombre ni género (no es he, ni she, sino it).  


Hay un bebé en nuestra casa / El bebé pone todo perdido con su comida / Le llevamos de paseo en el carrito / A veces ayudo a Mamá a bañar al bebé / El bebé duerme en una cuna / A veces me gusta el bebé / A veces, no / Todavía no puede jugar conmigo / Espero que el bebé se haga mayor pronto 

La ambivalencia hacia el nuevo inquilino de la casa se transmite a través de los observadores ojos del niño mayor: '¿Qué es esta cosa que ha llegado hasta aquí?'. Y luego, poco a poco, en algún lugar, el entendimiento intuitivo de que un día esta "cosa" llegará a ser bastante parecido a él. 

The Rabbit cuenta la experiencia de la primera mascota:  


Tenemos un conejo / El conejo tiene una jaula en el jardín / Su comida favorita son los dientes de león / Me gusta acariciar al conejo / A veces el conejo sale de la jaula / Le gusta saltar por todo el jardín / A mí me gustaría que se quedara en el jardín, pero se come las plantas de Papá / así que tengo que atraparle / y devolverle a la jaula

Este me encantaba de niña. Estoy segura de que con este libro aprendí lo que era un "diente de león". Quería acariciar yo también al conejo. También quería que se quedará en el jardín y quería participar en la diversión de atraparlo y de devolverlo a su jaula. 

Con esta serie de Little Books, si el niño que los está leyendo o al que se lo están leyendo ha vivido la misma experiencia, se siente identificados. Si no, puede que le apetezca vivirla. Yo no tenía mascota de pequeña y recuerdo vivamente experimentar cómo sería tener una mirando las páginas de este libro. La combinación de la observación del conejo como una criatura extraña y la relación del niño y del conejo da vida a la experiencia para el lector. ¡Y todo parece tan fácil! 


En The Dog, el niño cuenta la experiencia de tener un perro por un día.  


Un día un perro que conocemos vino de visita a nuestra casa / Mamá dijo que yo podía cuidarlo / Se comió la comida del gato / Me lamió / Salió corriendo al jardín con el zapato de Papá / Y se hizo pis en las flores / Luego escarbó un agujero en el jardín / Así que le puse la correa / Ojalá pudiera quedarse conmigo el perro / 

Una de las páginas de este libro fue responsable de escandalizar "a padres, profesores, libreros, bibliotecarios y la prensa", según cuenta el autor en John Burningham (Johnathan Cape, 2009). 

'Y se hizo pis en las flores'. 
Burningham da más detalles: 
Un madre escribió a la editorial:
"Hace poco a mi hijo de cuatro años le regalaron uno de sus libros por su cumpleaños. Se llamaba The Dog, de John Burningham. Al echar un vistazo al libro, nos pareció absolutamente repugnante el contenido de las páginas 12 y 13. ¡Qué ocurrencia incluir eso en un libro para niños! No hubiera imaginado que hubieran imprimido tal grosería. Lo que nos preocupa a mí y a mi marido es que si esto es lo que meten en la historia del perro, ¿qué no meterán en la historia del conejo?"
The Dog fue retirado de algunas bibliotecas y algunas escuelas se vieron presionadas por padres para hacer lo propio. Un librero en Devon exigió que la editorial le devolviera el dinero por un libro devuelto por un cliente indignado. Una biblioteca encontró que las páginas en cuestión habían sido arrancadas. Y el  Worthing Gazette reprodujo una cita de
Mary Whitehouse: "Pienso que esta sección del libro que va dirigido a niños de cuatro a cinco años es absolutamente innecesaria". 

Nos encanta: un niño que observa encantado cómo un perro en una casa desconocida rompe todas las reglas que se puedan romper. Se come la comida del gato, se hace pis en las flores, agarra el zapato de Papá... antes de que el niño se da cuenta de que puede ser buena idea ponerle la correa. Y una vez más: ¿mañana más? ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

The Cupboard es uno de mis favoritos, y de mi hijo también.


Hay un armario en nuestra cocina / Está lleno de ollas y sartenes / Me gusta sacarlas todas / Y jugar con ellas / Mamá me dice que por qué no pienso en otra cosa que hacer / Porque estoy estorbando / Así que pienso en otra cosa que hacer / Pero Mamá me dice que por favor vuelva / Y guarde todas las cosas

Me encanta la forma en que el niño relata las órdenes contradictorias de la madre sin ningún juicio ni enfado al respecto, y también me encanta la apropriación de todo el contenido de una casa como una gran colección de juguetes.

The Blanket es la dramática historia de la pérdida de un arrullo justo antes de la hora de dormir.


Cuando me voy a la cama siempre me llevo mi arrullo / Una noche no encontraba el arrullo / Mamá buscó en el baño / Papá buscó en el armario / Y yo busqué debajo de la cama / Pero no encontrábamos el arrullo / Así que Mamá buscó en la ropa limpia / Y Papá buscó en el coche / Pero yo encontré el arrullo debajo de mi almohada y me dormí. 

Nunca fui una niña de arrullo yo, pero mi hijo desde luego que es un niño de osito y ¡madre! los dramas que hemos vivido. Una vez incluso nos olvidamos de Teddy cuando nos fuimos de vacaciones. Y no, no estaba debajo de la almohada. .

En esta historia nos encanta la búsqueda, casi militar, no una sola vez, sino dos, hasta que finalmente lo encuentra él mismo -en el lugar donde se suponía que debía estar.


Y el último librito de la serie, The Friend es la historia de un niño y de su amigo Arthur.   


Arthur es mi amigo / Siempre jugamos juntos / Jugamos afuera cuando hace bueno / y nos quedamos adentro cuando llueve / A veces no me gusta Arthur / así que Arthur se va a casa / Y entonces me quedo yo solo / Tengo otros amigos, claro / Pero Arthur es mi mejor amigo. 

Este es el único de la serie que no tengo a mano ahora mismo, por lo que no tengo el texto, pero lo recuerdo bien de cuando era niña. Me recuerda a otro favorito de mi hijo sobre el tema de "mejores amigos": Let's be Enemies, de Janice May Udry y Maurice Sendak. Pero la manera en que Burningham logra introducir una línea de desarrollo parecida en este número de páginas y de palabras es sencillamente asombroso.

Las ilustraciones
Muy distintas a las ilustraciones de Borka, Trubloff, o de Canonball Simp y otras obras anteriores, aunque algo más parecidas al estilo de Mr. Gumpy, los sencillos dibujo de línea sobre fondos blancos de estos Little Books son absolutamente fantásticos en su sencillez y en su forma de reflejar dibujos de niños reales -especialmente en los rostros-. Dos puntos para los ojos, un gancho para la nariz y una línea para la boca le bastan a Burningham para llenar al personaje de vida. La rigidez frontal de los dibujos del niño se llenan de vida gracias a la tremenda cantidad de acción en las páginas. En todas las páginas está pasando algo y en este sentido son geniales de mirar una y otra vez.

Lectura en voz alta y lectura a solas
Estos libros son perfectos para niños más mayores que estén empezando a leer sus primeras palabras. El uso de la primera persona ayuda a que los niños de esta edad los hagan suyos.

Pero estos libros también son libros para compartir en voz alta con niños mucho más pequeños. Los textos son muy cortos, pero suficientes para disparar ese ¡Otra vez! ¡Otra vez! ¡Otra vez! cada vez que se leen con los más jóvenes.

Qué me gusta de estos Little Books
Me gusta que John Burningham nunca "aprovecha" para tratar de introducir una lección sobre nada.

Me gusta que estén escritos desde el punto de vista del niño y que hablen directamente al niño. Apenas se siente la presencia adulta, excepto como otro elemento frente al que el niño debe reaccionar y tener en cuenta.

Me gusta que el niño no sea ni "bueno" ni "malo": simplemente un niño tratando de navegar el mundo y la vida y haciéndolo todo lo bien que puede.

Me gusta que los padres solo aparecen como personajes de fondo, cuando aparecen, dejando que el niño lleve su vida, se equivoque y gestione las equivocaciones. Me encanta cómo la observación perceptiva del autor-ilustrador alimenta cada página sin que le oigamos y sin que nos estorbe.

Tras hacer un largo trabajo de observación, Burningham crea su personaje y luego le da siete experiencias que vivir, se aparta y deja que el personaje reaccione y hable, y nos cuente cómo fue.

Estos libros son una colección de pequeñas obras maestras que deberían reeditarse y reeditarse y reeditarse, de forma que nunca se agotaran.

¿Algún editor rescata-joyas se anima?

(c) de todas las ilustraciones de este post, John Burningham.  
(c) del texto, Ellen Duthie. Cópialo o reprodúcelo todo lo que quieras pero sé buena gente y cítalo (autora y blog). 

lunes, 8 de junio de 2015

Ponencia en el XI Encuentro de Animadores a la Lectura de Arenas de San Pedro

El pasado sábado 6 de junio, tuve el honor de dar una ponencia en el XI Encuentro de Animadores a la Lectura en Arenas de San Pedro (Ávila) organizada por la Asociación Cultural Pizpirigaña.

Mi ponencia se tituló "Al otro lado de la ventana" [de Sendak]. Hablé de Al otro lado, concretamente de la experiencia de lectura compartida de este libro, de las muy variadas inspiraciones mencionadas expresamente por Sendak, de las influencias visuales y de la presencia de la música en el libro.

También leímos y hablamos de los otros dos libros (Donde viven los monstruos y La cocina de noche) que forman parte de lo que Sendak consideró una trilogía sobre cómo los “cómo controlan los niños diversos sentimientos: el peligro, el aburrimiento, el miedo, la frustración, los celos) y logran entender las realidades de sus vidas”. 

Me pregunté si esta trilogía realmente podía llamarse así. Mi propuesta, los agrupemos como los agrupemos (trilogía, trío o lo que sea), es que los tres pueden considerarse como ´"óperas sobre papel". Los tres comparten una especial intención musical en su composición, donde entran en juego no solo texto e imagen, sino texto, imagen y música. Y en este sentido son álbumes que casi forman un género en sí mismo. 

Al celebrarse estas jornadas en el Bosque de Riocantos (en pleno bosque, sí) y no poder hacer proyecciones, la acompañé de un pequeño tríptico para que los asistentes pudieran seguir las referencias visuales que iba mencionando.

En el propio tríptico se prometía que estaría disponible en este blog en color, y aquí va:






Desde aquí quisiera agradecer la invitación y la organización de unas jornadas intensas, con unos asistentes interesados e interesantes. Un verdadero placer.

Reseñas y artículos sobre Sendak en Lo leemos así: 





miércoles, 15 de abril de 2015

¿Sales a jugar?: ¡Undostresesconditeinglés!

¿Sales a jugar? Texto e ilustraciones de María Pascual.
Narval, 2015.

















A lo largo de las páginas de ¿Sales a jugar? once niños y niñas, un perro y un gato juegan a seis juegos tradicionales, -el escondite inglés, el pañuelo, el sogatira, el balón prisionero, policías y ladrones y el churro-va- de los que, quizás con distintos nombres y variaciones, pueden rastrearse versiones en prácticamente todos los rincones del mundo. Todos los personajes están unidos en el juego, pero cada uno tiene su propia trayectoria también. Lo lees una vez. Y luego quieres volver y volver y volver a leerlo desde el principio, fijándote cada vez en un personaje distinto y en detalles diferentes. 

El texto

Las imágenes funcionan poderosa y perfectamente sin texto, pero en este caso, Pascual ha dado con una fórmula para incluir texto de forma que aporta y no resta a unas imágenes tan potentes que hubiera sido realmente fácil desvirtuarlas con un texto entrometido o superfluo. Pascual usa el texto únicamente como introducción a cada juego y luego calla para que leamos las imágenes a gusto. La introducción a cada juego no son unas instrucciones al uso, ni una explicación de cómo se juega sin más. Más bien se centra en dar claves para disfrutar y entrar de lleno en el espíritu de cada juego, dando opciones y propuestas para distintas personalidades y rebuscando y evocando la experiencia subjetiva y emocional del juego. 
    
Por ejemplo, en el escondite inglés nos habla de estilos: de los que prefieren decir "¡Uuuuuuun doooooos, treeees, esconditeeee ingléeeees!, frente a los defensores del estilo ultrarrápido de "¡Undostresesconditeinglés!". En el pañuelo nos habla del hormigueo previo a que se anuncie el número, de la sensación de responsabilidad del que atrapa el pañuelo, del temor al fracaso. En el sogatira, nos habla de la importancia del equilibrio de fuerzas y de la posibilidad de que, a veces, la risa esté por encima de las reglas. En el balón prisionero, nos habla del arte del despiste y del amago, y de una posible abducción por extraterrestres, en policías y ladrones nos habla de táctica y de elegir bien a los miembros de tu equipo y del riesgo de que se olvide a alguno de los ladrones en su escondrijo, si éste es demasiado excelente y alejado. Por último, en el churro-va nos enumera una serie de posibles estratagemas y recursos, algunos más crueles que otros, para sobrevivir con dignidad antes de inevitablemente acabar tirados por el suelo.  

Astutamente, Pascual refresca a los adultos la memoria (¿cómo se jugaba a eso?), mientras que da a los niños y niñas lectores algunas claves que, junto con las imágenes, permiten comprender las reglas de juego y el espíritu y lo que verdaderamente importa en cada juego y, en el caso de que ya los conozcan y hayan jugado con anterioridad, a pensar en su propia relación con el juego en general, con otros jugadores y con cada juego en particular. 

Mediante un extraordinario trabajo de desarrollo de personajes, ¿Sales a jugar? ofrece también a los lectores amplias oportunidades de identificación, reconocimiento, indignación y admiración -de observación y reacción al fin y al cabo- que garantizan la implicación de los lectores y lectoras, tanto pequeños como grandes.      


Las ilustraciones

Pero el festín de ¿Sales a jugar? es por encima de todo, un festín visual. Con una técnica mixta sobre tablitas de madera, los dibujos a lápiz con gouache de María Pascual cobran textura y vida con el collage -la ropa de los niños, la pelota y otros detalles son trozos de tela que incluso impreso sobre papel se dejan casi sentir.  
Una escena de El escondite inglés. El tramposo, el que va primero, ha tirado
a la penúltima niña al suelo. Mientras, otro chico juega a saltar como un conejo 
y el pequeño, distraído y demasiado pequeño quizás para entender del todo, 
se mete el dedo en la nariz. 
Una escena de El balón prisionero. En esta ocasión al actor le apetece
hacer de mono. El pequeño sigue distraído. 



Y el momento inmediatamente posterior a la escena anterior.
¿Habrá sido queriendo? Hasta el mono se asusta.
¿Habrá venganza? 

Escena de El churro-va. Aquí tiene todo el sentido jugar a ser rana.





































Compartir el libro en voz alta
El texto no es un texto que necesariamente tenga que leerse en voz alta cada vez que se lea el libro. También dependerá de la edad de los niños con los que se lee. Como hemos dicho al inicio, las imágenes se sostienen potentemente por si solas. Con los más pequeños bastará con leer las imágenes. Con los más mayores se puede leer y disfrutar también el texto. 

A mi hijo de seis años le divierte el texto y ha pedido que se lo lea íntegro todas las veces que lo hemos leído, pero le encanta especialmente leer todo el libro fijándose en un personaje solamente y luego volver al principio y leerlo de nuevo fijándose en otro... así se puede llevar un buen rato. 

Mientras, hay mucho que comentar, y que hablar. ¿Tú jugabas a esto de pequeña, Mamá? A casi todos, sí. ¿A cuáles juegas tú en el patio del colegio? ¿A cuáles te gustaría jugar? De momento, ha llevado ya un juego nuevo a su patio. La semana que viene dice que elegirá otro. 

Qué nos gusta especialmente de ¿Sales a jugar? 

¿Sales a jugar? es un libro repleto de acción y de movimiento. Este movimiento produce ese tipo de melodía sobre papel de la que hablaba Sendak que es tan gozosa de encontrar. Realmente el ritmo de las imágenes es uno de los grandísimos logros de este ¿Sales a jugar? y el motivo por el que resulta tan contagioso. Cuando lo lees apetece muchísimo jugar y a nosotros nos encantan los libros que mueven a la acción. 

Por otra parte, el juego es algo que se representa poco en los álbumes ilustrados (al menos a partir de cierta edad -se diría que sólo los bebés juegan-). Este libro es una compensación por toda esa escasez. Una celebración por todo lo alto del juego y sobre todo, del juego en la calle. También es una fantástica reivindicación del juego no supervisado por adultos, esa experiencia tan difícil de regalar en las calles y parques de las ciudades de hoy. Pero al mismo tiempo, los adultos están bien presentes, como transmisores generosos pero no entrometidos de estos juegos tradicionales. 

¿Sales a jugar? ¡Tomemos la calle!"