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domingo, 30 de marzo de 2014

II Concurso de lectura en voz alta Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES?

Lo leemos así presenta....

II Concurso de lectura en voz alta 
Y TÚ, ¿CÓMO LO LEES? 
Ilustración de Maurice Sendak, 1985, para el mes del libro judío. 



























El año pasado, para celebrar nuestro segundo aniversario, organizamos por primera vez el concurso de grabaciones de lecturas en voz alta Y tú, ¿cómo lo lees?

Debido al éxito de la primera edición y a las numerosas indagaciones respecto a si se iba a repetir este año, nos hemos decidido a lanzar la segunda edición de Y tú, ¿cómo lo lees?. El premio: dos libros a elegir de entre los reseñados en este blog (no se incluyen los libros descatalogados; ver lista al final de este post).

Instrucciones: 
1. Elige uno de tus álbumes ilustrados favoritos
2. Practica su lectura en voz alta (si te hace falta). 
3. Grábalo o bien en vídeo o únicamente con sonido. 
4. Súbelo a un sitio como dropbox o soundcloud (o similar). 
5. Comparte el vínculo en un comentario en este mismo post y...
6. Envía un email a ytucomololees@gmail.com contándonos un poco sobre ti, con una foto si quieres y por qué elegiste ese libro. Por favor, no te olvides de incluir el vínculo a la grabación en el email también.  
7. Las grabaciones pueden ser en castellano o en inglés (si es en inglés, por favor, visita el blog gemelo de Lo leemos así en inglés, We Read it Like This, y participa a través del mismo). 
8. La grabación puede ser:
  • de un padre o madre o cuidador leyendo a un niño/a o a varios niños
  • de un docente leyendo a un niño/a o varios niños 
  • de un niño o niña leyendo a otro niño, a su padre/madre/abuelo/abuela... o a sus amigos del colegio.
9. Se pide emoción y entrega y no se penalizará en absoluto la interacción (¡ooh! ¡aaaah!).
10. La fecha límite para participar es el 31 de mayo de 2014. No se tendrán en consideración las grabaciones recibidas con posterioridad a esta fecha.  
11.  Se aceptan grabaciones de todo el mundo. La única restricción es el idioma: castellano (a través de Lo leemos así) o inglés (a través de We Read it Like This).  
12. No importa la edad.   
13. El ganador o ganadora recibirá como premio un glamuroso post con la grabación premiada más 2 libros a elegir de los siguientes reseñados en Lo leemos asi:  
15. ¡Buena suerte!
16. La decisión del ganador/ganadora será necesariamente subjetiva, e inapelable.  

sábado, 29 de marzo de 2014

El juego de las fábulas: un juego para leer, mil libros para jugar.

El juego de las fábulas, Enzo Mari (1965)
Nuestra edición: Corraini Edizioni, 2011.


Recomendación fabulosa para un sábado lluvioso: un juego para leer, mil libros para jugar. 

Para los que no lo conozcan, el complejamente sencillo El juego de las fábulas de Enzo Mari consta de seis tarjetones impresos por ambos lados.



















Cada lado tiene una escena central y dos escenas laterales que, mediante dos ranuras, una arriba y otra abajo, podemos combinar como queramos, formando recorridos narrativos, sucesiones de "salas" o escenarios entre los que podemos navegar, yendo, volviendo y saltando como nos apetezca para contar la historia que nos vaya surgiendo. 















En los tarjetones vienen representados unos setenta motivos fabulísticos: cuarenta y cinco animales, el sol, la luna, un paraguas, una jaula, una bota, árboles, un tronco, bambúes, rocas, una manzana, un montón de tierra, un nido, dos huevos. 

Erizo, manzana, jaula, cuervo, zorro, cigüeña.














Luna, noche, vaca, rana. 


Calavera con cuernos, león con cachorro,
roca grande, roca pequeña, otra roca, un fusil.





























Lo que siempre me fascina con este tipo de juego-libro es ver cómo el diseño bien hecho genera magia sin necesidad de dar instrucciones. El juego de las fábulas ha sido un regalo que le he dado a mi hijo esta misma mañana, hace unas tres horas. Lo sacamos de su caja-carpeta, vimos cómo encajaban los tarjetones. Configuramos nuestra primera composición de forma aleatoria. Lo único que le dije fue con esto se pueden contar muchas historias. Inmediatamente, dijo "¡déjame a mí, déjame a mí!" y empezó con un cuento sobre el león, que estaba enfadado con la rata porque... y durante los próximos minutos construyó su historia, primero siguiendo el orden de las secuencias visuales, pero luego poco a poco empezando a saltar de escena en escena, moviéndose él alrededor de la mesa, incorporando motivos según iban haciéndole falta para su historia. Cuando terminó, quiso desmontarlo y volver a montarlo de forma distinta. Lo hicimos. Y empezó de nuevo. Esta vez el zorro salía a pasear y se encontró con... Y así llevamos toda la mañana, con peleas entre distintos animales, problemas para resolver, soluciones que encontrar y finales a los que llegar.

Hemos jugado componiéndolo de forma aleatoria y creando historias a partir de las secuencias sugeridas, pero también hemos jugado organizándolo de forma más meditada, para que las escenas creadas se ajusten a lo que queremos contar. 

Para añadir otra capa de diversión, muy al estilo Lo leemos así, hemos encendido la grabadora mientras inventábamos nuestras historias y luego las hemos escuchado. Lo hemos estado pasando bomba juntos.

Luego, yo he venido a escribir este post y mi hijo ha seguido jugando con El juego de las fábulas, esta vez usando los escenarios como "casa de muñecas" para las pequeñas figuras -en este caso unos pitufos- con las que se pasa el día jugando, creando historias e inventándose diálogos. "Es como una casa de muñecas, pero con más personajes y muchos más peligros", ha dicho, encantado.

Una mañana fabulosa, fabulosa.

El juego de las fábulas está editado por la editorial italiana Corraini Edizioni, con texto de presentación en italiano, inglés, español y japonés. En España, Corraini Edizioni está distribuido por Libri e Altro (http://www.libriealtro.com/) y disponible en las mejores librerías infantiles.

(c) de las ilustraciones, Enzo Mari, 1965, Corraini Edizioni, 2011.
(c) del texto, Ellen Duthie, 2014. Cópialo o reprodúcelo pero por favor, sé buena gente y cita la fuente (autora y blog). 

lunes, 20 de enero de 2014

¡Vamos a cazar un oso! cumple 25 años. ¡Felicidades!


Nos recuerda la editorial Ekaré que en 2014 se cumplen 25 años desde que se editó por primera vez el original inglés de ¡Vamos a cazar un oso! (We're Going on a Bear Hunt), de Michael Rosen, con ilustraciones de Helen Oxenbury.

No es casualidad que sea precisamente la entrada dedicada a este clásico de la literatura infantil la que reciba, con diferencia, más visitas de todas las entradas de este blog. Tanto en el original inglés como en la estupenda traducción en español, este es un cuento para compartir, recitar, moverse, actuar y cantar. ¡Feliz cumpleaños! Y que cumpla muchos muchos más en las estanterías.

Lee nuestra reseña de ¡Vamos a cazar un oso! aquí.

Lee sobre cómo utilizamos ¡Vamos a cazar un oso! en una sesión de filosofía con niños de preescolar aquí.

Y haz clic aquí para escuchar cómo leemos nosotros ¡Vamos a cazar un oso!:



Lee nuestra reseña de la versión original inglesa aquí (en inglés).

Y escucha cómo lo leemos en inglés aquí:

jueves, 2 de enero de 2014

Melodías sobre papel: notas "ilustradas" sobre el ensayo de Sendak "The Shape of Music"

Melodías sobre papel 
Notas "ilustradas" sobre el ensayo de Sendak The Shape of Music en el que analiza el papel de la música como inspiración para la composición y como herramienta para "avivar" las ilustraciones en libros infantiles. 

Caldecott & Co. Notes on Books & Pictures.
Maurice Sendak
Michael de Capua Books, Farrar, Straus and Giroux, 1988. 

Mientras voy preparando -muy lentamente- las próximas reseñas (dos de ellas de libros sobre personajes "salvajes": Wild de Emily Hughes y Mr Tiger Goes Wild de Peter Brown) y los próximos artículos (uno sobre la obra de Arnold Lobel) para este blog, seguimos encontrando libros maravillosos que vamos añadiendo a nuestra interminable lista de libros por reseñar. Esperemos que en las próximas semanas encontremos tiempo para ir poniéndonos al día. 

Mientras tanto, uno de los libros que he estado leyendo es Caldecott & Co., Notes on Books and Pictures, una colección estupenda de ensayos, reseñas, entrevistas y discursos de Maurice Sendak.

Cualquier persona interesada en la literatura infantil y en especial en la ilustración en literatura infantil no puede dejar de leer este libro, que es todo lo variado, todo lo fascinante y todo lo contagioso del entusiasmo y el placer de escribir/ilustrar que uno pudiera desear. Sendak era, además de uno de los mejores autores de literatura infantil de todos los tiempos, un excelente ensayista y contador de anécdotas.  

En The Shape of Music (La forma de la música), el primer texto y uno de los más notables de la colección, Sendak analiza el papel de la música como inspiración para la composición y como herramienta para despertar, avivar o animar las ilustraciones en libros infantiles. 

Partiendo de la convicción de que una de las cualidades esenciales de las ilustraciones para libros infantiles es la inyección de vida, la puesta en acción o la animación, Sendak nos ofrece un ensayo tan breve como magistral en el que explica e ilustra mediante ejemplos a qué exactamente se refiere con "avivar" en ilustración, y cómo puede funcionar la interrelación entre música y papel. 

Sendak explica que para los ilustradores, "avivar" (quicken en inglés) supone la labor, primero, de comprender la naturaleza de su texto y, después, de dar vida a esa comprensión en su propio medio: la ilustración. 
"No es difícil para un artista simular acción, pero es distinto 'avivar', crear una vida interior que toma el aliento de la percepción más profunda del artista." 
Y nos cuenta que para él la palabra "avivar" tiene otras asociaciones más subjetivas:    
"Sugiere algo más musical, algo rítmico e impulsivo. Sugiere un ritmo –de latidos de corazón, de música, del comienzo de un baile–. Esta asociación proclama la música como una fuente de la que mis propias ilustraciones cobran vida. Para mi “concebir musicalmente” significa despertar la vida del libro ilustrado."
Sendak nos habla de la música como fuerza de orientación: 
"Todas mis imágenes se crean con un fondo musical. Es frecuente que mi elección instintiva de compositor o forma musical en un día concreto tenga un efecto galvanizador que me hace consciente de a dónde me dirijo." 
Nos regala imágenes sobre su modo de trabajar con música: 
"Una de mis ocupaciones favoritas, hace ya algunos años, era sentarme delante de mi tocadiscos como si estuviera poseído por un dibuk y permitir que la música dirigiera en mí un tipo de dibujo automático, a modo de flujo de conciencia. A veces las imágenes resultantes eran meramente episodios coreografiados, figuras imaginadas bailando ballets imaginados. Más interesante para mí, y mucho mas útil para mi trabajo, son las fantasías infantiles reactivadas por la música y exploradas sin inhibición por la pluma."
Una de las apreciaciones más interesantes del ensayo es el de la banda sonora permanente y casi definitoria de la niñez.
"La música es una parte inseparable de mis memorias de niñez. La música era el acompañamiento inevitable, animador del juego imaginativo. Ninguna fantasía de la niñez era completa sin el sonido incansable, incesante de un tarareo improvisado, el alboroto de la composición musical inconsciente que creaba justamente el ambiente perfecto para la fantasía. Todos los niños parecen saber a qué suena el misterio, a qué suena cabalgar desbocadamente a través de las llanuras (acompañado de vigorosas palmadas en los muslos a modo de staccato), y a qué suena el lamento; y no tengo duda alguna de que este tipo de aportación musical aporta mayor riqueza a cada fantasía concreta. El repentino y espontaneo cantar y bailar parece ser una parte absolutamente natural e instintiva de la niñez. Quizás sea el medio a través del cual los niños mejor expresen lo inexpresable; la fantasía y el sentimiento yacen más profundos que las palabras – más allá de palabras al alcance de un niño – y ambos demandan una expresión más profunda, más biológica, la expresión primitiva de la música."
La música es un estímulo fundamental en el propio trabajo de Sendak, pero también, según observa, siempre encuentra un elemento musical en el trabajo de los artistas a los que admira. Son aquellos artistas que:  
"logran una auténtica viveza, la esencia del libro-álbum: un movimiento que nunca cesa y que los niños [...] reconocen y disfrutan como algo que les es familiar."
Y aquí Sendak nos da un pequeño tour de deliciosas melodías sobre papel, que merece mucho la pena compartir. He encontrado imágenes de casi todos los ejemplos de Sendak y los reproduzco a continuación, acompañados de traducciones de algunos de los comentarios que Sendak hace sobre cada uno de ellos. Que los disfrutéis: 

Ejemplo número 1: Maurice Boutet de Monvel, en sus ilustraciones de las fábulas de La Fontaine (Fables choisies pour les enfants): 
"Sus dibujos exquisitamente animados tienen vida interior propia, hasta un punto difícil de creer. Parece haberse explorado cada aspecto de carácter y cada gesto, y el resultado es una síntesis de movimiento que es un triunfo de animación. El continuo flujo por cada página es comparable con una línea melódica sostenida y matizada."

"El cordero de 'El lobo y la oveja' [...] "realiza, antes de encontrarse con su destino injusto, una secuencia de arabescos lineales, un baile de la muerte que transmite dolorosamente y amplía dramáticamente el significado sombrío de la fábula. Nuestra vista sigue de imagen en imagen el desarrollo ágil de la historia - el recogimiento fatalista, la silenciosa inevitabilidad de los movimientos del cordero, acabando en un gesto de cisne moribundo de resignación sin esperanza. Y luego la forma flácida, ya sin vida, colgando de la boca del lobo rabioso. Es casi imposible que no le mueva a uno la terrible conturbación de la interpretación de Monvel. Para mí, estos dibujos [...] son invenciones armónicas que acompañan, dan color y aportan nuevo significado [a la fábula de la Fontaine]." 


Ejemplo número 2. Ralph Caldecott (The Queen of Hearts y The Three Jovial Huntsmen).

"Las ilustraciones de The Queen of Hearts empiezan con bastante seriedad; introducen el tema de forma sencilla y directa. Luego empiezan las invenciones puramente caldecottianas, las variaciones que elaboran la nursery rhyme y la convierten en un clamor de complicaciones cómicas. Esto lo logra, no mediante dibujos de secuencias que fluyen en cada página, sino con escenas tremendamente animadas que corren de página a página." 
"El pico del crescendo, nos dice Sendak, está en la imagen a la derecha. Al fondo, Caldecott representa a la sota recibiendo azotes por parte del rey al compás de la música al son de la cual bailan con gracia la pareja en primer plano."  

Otro libro de Caldecott, The Three Jovial Hunstmen, cuya cubierta veis a la izquierda, es para Sendak "un verdadero festín de cante y baile, con sus idas y venidas sincopadas entre palabras e imágenes. Tiene un ritmo galopante que resulta irresistible." 












Ejemplo número 3. George Cruishank (ilustraciones de cuentos de Grimm).

Cuando Sendak habla de música, no se refiere simplemente a secuencia:
"La simpatía que siento entre lo visual y lo musical explica mi noción de que estoy componiendo imágenes para un texto, igual que un compositor compone música para un poema y he comprobado que contar una historia mediante imágenes secuenciales y relacionadas, me permite "componer" con seguridad y libertad. Sin embargo no equiparo el enfoque musical con los dibujos secuenciales." 



"Las ilustraciones de George Cruikshank para la primera edición en inglés de los cuentos de los hermanos Grimm pueden calificarse sin lugar a dudas como ilustraciones autónomas, que ocupan la página entera -justo lo opuesto de la secuencia animada y, en mi opinión, de todas las formas, la más difícil de avivar. Pero las ilustraciones de Cruikshank no tienen nada de inanimadas." 

 


Es interesante hacer una comparación con las ilustraciones de cuentos de Grimm que más tarde haría Sendak en 1973 en El enebro y otros cuentos de Grimm (editado en España por Lumen en 1994), en las que también aparecen ilustraciones autónomas, que ocupan la página entera y que, desde luego, también distan mucho de ser "inanimadas":


Ejemplo número 4. André François (Tom & Tabby)
"André François es un experto en conseguir vivacidad dentro de las ilustraciones a página completa. Sus vívidas composiciones de forma y tamaño en la página crean un sentido de la animación original y divertido. Sus ilustraciones para Tom and Tabby de John Symonds tienen enorme grandeza y sin embargo una infinitud de detalles que aportan vida" 


Ejemplo número 5: Tomi Ungerer (Flat Stanley)

"Tomi Ungerer, en sus ilustraciones para Flat Stanley de Jeff Brown,evita inteligentemente la imagen inerte a página completa. Resuelve el problema con una secuencia de movimiento, no dentro de cada página, sino de página a página. Su uso imaginativo del espacio y su hábil uso del color generan el feliz efecto de dibujos que bailan por el libro."  

Pueden verse algunas páginas de Flat Stanley aquí

Ejemplo número 6. William Blake (Canciones de inocencia y experiencia)
"Los pequeños libros ilustrados que William Blake hizo para niños se sitúan en otro plano por su incomparable ingenio. [...] Sus entrelazamientos de ornamento, ilustración y caligrafía animal el espíritu de los poemas y crean una visión trascendente de otros mundos. Y todo ello expresando con una economía que solo logran los maestros."
Un año después de escribir este ensayo, se publicaría Lullabyes and Night Songs, de Alec Wilder, editado por William Engvick e ilustrado por Sendak, en el que éste hace un homenaje en toda regla a las Canciones de inocencia y experiencia de Blake: 
Sus ilustraciones para Pierre, de Herman Melville, también son totalmente Blake-ianas y sin duda repletas de "música": 
También su libro póstumo es un homenaje a Blake. En My Brother's Book sin duda logra avivar esas estampas a página completa que tan difícil confiesa Sendak que resulta animar. 
My Brother's Book, 2013. Michael di Capua Books. 
Por último, (ejemplo número 7) Sendak habla de la analogía musical y de su relevancia con su propia obra. 

Open House for Butterflies, Ruth Krauss y Maurice Sendak, 1960
"En ningún sitio es más aparente que en mis ilustraciones para los libros de Ruth Krauss. Su preciosa y original poesía tiene una flexibilidad que me permitió el máximo espacio para ejecutar mis variaciones de fantasía sobre un tema Kraussiano y dedicarme a mi devoción por la materia de la música."
I'll be you and you be me, Ruth Krauss y Maurice Sendak, 1952
















Open House for Butterflies, Ruth Krauss y Maurice Sendak, 1960
A Hole is to Dig, Ruth Krauss y Maurice Sendak, 1952

Open House for Butterflies, Ruth Krauss y Maurice Sendak, 1960


















Para entender a qué se refiere Sendak con "avivar", ayuda mucho comparar las siguientes dos ilustraciones para el mismo texto de Ruth Krauss (Bears), la primera de Phyllis Rowland en 1948 y la segunda de Sendak en 2005: 

Ilustración de Bears, de Ruth Krauss, ilustrado por Rowland
Ilustración de Bears, de Ruth Krauss, ilustrado por Sendak

Podría decirse que las dos ilustraciones son "musicales", sí. Pero, yo no sé vosotros. Yo la segunda la oigo sin mediación de ningún símbolo, mientras que la primera me resulta más como un signo de que debe de haber música ya que los osos están bailando. Son dos cosas muy distintas. 

Este ensayo, The Shape of Music, está fechado en 1964, un año después de la publicación de Donde Viven los Monstruos, pero antes que muchísimas obras de Sendak de las que el juego musical sobre papel es una parte esencial. En el propio Donde Viven los Monstruos, las páginas de la "juerga monstruo" son un ejemplo claro de melodía sobre papel, pero también lo es cómo fluyen las imágenes de página en página y como el ritmo del texto y el ritmo de las imágenes juegan a armonía y a contrapunto de principio a fin. 

Aunque también menciona la música en el texto y el juego entre la melodía del texto y de la imagen, Sendak habla en este ensayo sobre todo de la música visual sobre el papel. Lo que yo creo que Sendak consiguió como nadie es entrelazar texto (lo auditivo) e imagen (lo visual) y crear composiciones tan perfectas que hipnotizan. 

Este es el caso de La Cocina de Noche, y de Outside Over There, y por supuesto, de su trabajo relacionado con las producciones de ballet y ópera en las que Sendak participó como diseñador, como director o como productor (El cascanueces, Brundibar, La Flauta Mágica, Hansel y Gretel). 

Mi regalo de Reyes este año será, Pincus and the Pig, uno de los últimos proyectos musicales de Sendak, una versión Klezmer del cuento musical para niños de Sergei Prokofiev. Pedro y el lobo, en la que Sendak es el narrador.

Pero más allá de los proyectos puramente musicales de Sendak (que merecerían un artículo aparte), el ensayo de Sendak me parece muy interesante desde el punto de vista del libro-álbum concretamente. Siempre se habla de la interrelación del texto y de la imagen en los libro-álbum, y de la extensión de la ilustración del texto y del texto de la ilustración, pero rara vez se habla de uno de los mejores "pegamentos" para esta interrelación y esta extensión: la música. 

En gran parte de la ilustración actual encuentro que falta la "música". ¿No sería interesante para los ilustradores que leen este blog que tomaran cada uno de los siete ejemplos que he extraído del ensayo de Sendak como una invitación a realizar un ejercicio de "melodía sobre papel"? Me encantaría ver el resultado de cualquiera que se animara. 

Este es sólo uno de los textos que contiene Caldecott & Co. Notes on Books & Pictures. Cada uno de ellos merecería otro post. 

Lee más sobre Sendak en este blog: 





La vida en que Maurice se puso su traje de artista  (con motivo de su fallecimiento)





(c) de las ilustraciones de este post, de sus respectivos propietarios. 
(c) del texto, Ellen Duthie. Cópialo o reprodúcelo, pero sé buena gente y cita la fuente (autora y blog).
Las citas han sido extraídas del libro Caldecott & Co. Notes on Books & Pictures de Maurice Sendak, Michael de Capua Books, Farrar, Straus and Giroux, 1988, y traducidas por mí. 


martes, 26 de noviembre de 2013

Pippi Langstrum, un personaje que transgrede su género

Para mí, una de las indicaciones más claras de que un personaje de literatura infantil está bien construido es que los niños quieran "jugar" a ser ese personaje, que quieran llevarlo de la experiencia lectora a la experiencia del juego activo. "¿Jugamos a X?"

Siempre he sabido que Pippi Calzaslargas es un personaje fantástico, pero esta mañana mi hijo me ha demostrado que supera todos los baremos de "personaje bien construido". Logra incluso traspasar las barreras de género y que un niño, justo en una edad en la que se está formando su identidad de género y hace mucho tiempo ya que rechaza jugar a ser cualquier personaje femenino,  proponga una fría mañana de invierno camino del cole: "Mamá, ¿jugamos a Pippi? ¿Vale que yo era Pippi y tú Mr. Nilsson?" Y así hemos pasado la media hora de camino al colegio. Yo iba cambiando, a veces era Mr. Nilsson, a veces Tommy y a veces Annika, pero él fue Pippi de principio a fin.

Cuando un personaje es tan bueno, tan interesante,  su género es tan secundario como el color de pelo que pueda tener.

Esto se une a mi reflexión tras mi última sesión de filosofía con niños de 4 años en la que todos expresaron sus máximos deseos. Casi sin excepción (alguna hubo), todas las niñas querían convertirse en hadas o princesas y todos los niños querían que les regalaran un coche de Rayo McQueen. ¡Programada queda una sesión urgente sobre identidad de género!   

Y se me ha ocurrido qué quiero pedir por navidad:

A los editores de literatura infantil: resistíos a colaborar con la horrorosa "generización" de la infancia y buscad personajes buenos, interesantes, complejos, más allá de su género. No hay excusa. Lo otro es criminal.

A los libreros de literatura infantil: por favor, por favor, por favor, ni se os ocurra clasificar los libros por género, de forma más o menos explícita con la excusa de "el mercado". Tampoco tiene excusa y también es criminal.

A los padres y madres: analizad con un poco más de detenimiento la falsa excusa de que las niñas tienen una determinación genética a que les guste el rosa y los niños a que les guste conducir coches y competir. Dadle una oportunidad de centrarse en quiénes son de verdad y en qué quieren convertirse de verdad. Dadle oportunidades de ver personajes de su género y del género opuesto comportándose de formas no estereotipadas. Muchas oportunidades, muchas. Porque de los estereotipos ya andan lo suficientemente bombardeados.

Resumiendo, estas navidades me pido:

Una literatura con personajes interesantes, más allá de los estereotipos de género (bueno, puestos a pedir, más allá de los estereotipos y punto).  

Un mundo de personas interesantes, con personalidades interesantes, más allá de su género.

Eso pido yo para Navidad, pero es probable que me traigan carbón, lo sé.  

domingo, 24 de noviembre de 2013

¡Feliz 50 cumpleaños, Donde viven los monstruos!

Ayer hizo 50 años desde que Maurice Sendak regaló a los niños de entonces, de hoy y de mañana un espejo de papel en el que adentrarse, asombrarse y ver retratado su mundo interior de conflicto entre frustración, rabia e incomprensión, por un lado, y la necesidad de dar cabida al formalmente inconsecuente pero emocional y moralmente necesario perdón mutuo, por otro.

Donde viven los monstruos es una oda a la fantasía como herramienta emocional e intelectual fundamental y a la literatura como viaje de evasión temporal que, lejos de llevarnos a evadir la realidad, nos deja con los pies más plantados en la tierra al depositarnos tras el vuelo.

Esta es la traducción del texto con el que, en su día, la editorial Harper & Row anunció la publicación del libro:
PDF tomado de http://www.philnel.com/2013/10/15/wildthings/
Este es el lugar donde viven los monstruos…

Si tienes más de ocho años, puede que no lo reconozcas, o que no lo recuerdes.

Pero en cuanto le muestres a cualquier niño un ejemplar de DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS, descubrirás que Maurice Sendak, una vez más, en una historia con ilustraciones incomparables a todo color, ha vuelto a “dar forma a las fantasías de millones de niños.”

“Este alquimista de la imaginación de la infancia”, como se refirió a él recientemente el New York Times Book Review, “sabe que los niños viven en el asombro, un estado que les abre ostensiblemente a la alegría, al deseo y a un mundo repleto de posibilidades repentinas y terroríficas.”

Todos los niños se verán a sí mismos en Max, el héroe de DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS, un niño vestido con un traje de lobo al que envían a su habitación por portarse “como un monstruo”. De repente las paredes se esfuman, se deja caer por ahí un océano y Max sale a navegar y a convertirse en rey de todos los monstruos: en el monstruo más monstruoso de todos.


Para compartir el deleite de tus hijos o de cualquier niño amigo que tengas, pídele a tu librero un ejemplar de DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS. Pero apresúrate… la voz no tarda en correrse. 

[¿No es fantástico que una editorial se dirija a adultos y asuma que pueda tener "amigos niños"?]. 

Hace casi tres años, inauguramos este blog con una reseña precisamente de Donde viven los monstruos. Decíamos entonces que "Donde viven los monstruos, uno de nuestros favoritos indiscutibles, tiene un texto que desborda fantasía y que engancha con su tremendo ritmo, tiempo y musicalidad, junto con unas ilustraciones sensacionales en pluma, tinta y acuarela que te cautivan y te sumergen en el mundo de Max, haciendo que quieras levantarte de un salto y ponerte a bailar en la juerga monstruo cada vez que lo lees. Es un verdadero placer leerlo en voz alta". 


Mi hijo no tenía ni dos años, y entonces, la lectura en voz alta se centraba sobre todo en la tremenda fuerza sonora del texto. "Tiene un texto de esos que te salen solos por la boca desde la primera vez que lo lees.", decíamos. "Siendo un bebé muy pequeño, nuestro hijo parecía disfrutarlo, animándose con cada interjección y escuchando el suave runrún de la musicalidad de otras partes del texto (hablo siempre del texto en inglés). Las primeras partes que atrajeron su atención y le hicieron reír eran evidentemente las partes donde Max dice ¡QUIETOS! y ¡YA BASTA!", acompañados por expresiones faciales y movimientos de mano exageradamente autoritarios de sus padres, y, por supuesto, la juerga monstruo, para la que emitíamos interesantes ruidos de tambor, alargando la escena un poco más de lo normal. Para cuando ya había aprendido a pedirnos que le leyéramos ciertas partes de nuevo, le fascinaban los terribles rugidos, el crujir de los dientes, el movimiento de los ojos y la exhibición de las garras de los monstruos. ¡Otra! ¡Otra! nos decía. Y ¡Otra! ¡Otra!". 

Ahora, ya con cuatro años y medio, todos estos elementos siguen estando  muy presentes, pero es fascinante ver cómo se van completando las capas de comprensión y cómo va evolucionando su relación con el libro.  

Es ahora cuando más van apareciendo esos otros elementos, más relacionados con esas sutiles y cautivadoras apelaciones al inconsciente que tan bien domina Sendak. Es ahora cuando empezamos a ver y a maravillarnos de cuánto consigue contener Donde viven los monstruos. No es fácil superar unas constricciones impuestas por los adultos a menudo incomprensibles desde la perspectiva de los niños. No es fácil para un niño encontrar el equilibrio justo entre la lucha por su propia voluntad e identidad y la necesidad de amar y sentirse amado. No estamos sugiriendo que Donde viven los monstruos proporcionan soluciones a estas dificultades, pero desde luego que las aborda, y de una manera que habla directamente a los niños. ¡Claro que una juerga monstruo de cuando en cuando tampoco viene mal!

¡Que cumplas mucho más, Donde viven los monstruos!

Aquí va nuestra grabación (en inglés) de Donde viven los monstruos con musiquita y todo.  

Más reseñas y lecturas de libros de Maurice Sendak en Lo leemos así:

miércoles, 23 de octubre de 2013

Neil Gaiman: Tenemos la obligación de leer en voz alta a nuestros hijos, de poner voces

Neil Gaiman en la conferencia para The Reading Agency
Foto de Robin Mayes.
Después de mi última entrada sobre el posible interés de la calidad variable en la educación lectora de los niños, la autora del estupendo blog Playing by the Book dejó un comentario en el blog inglés, diciendo que mi post era muy oportuno, dada la conferencia que había pronunciado un día antes el escritor Neil Gaiman y su afirmación de que no tenía sentido hablar de "libros malos" para niños. En mi contestación, le digo que en realidad Gaiman sí sugiere que hay un tipo de libro malo. Los describe primero como "el equivalente del siglo 21  a la literatura “edificante” victoriana" y más tarde, indirectamente, cuando conmina a autores "a no predicar, no sermonear, no introducir a la fuerza por el gaznate de nuestros lectores moralejas y mensajes predigeridos, como los pájaros adultos alimentan a sus bebés con gusanos premasticados; y nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, escribir nada para niños que no quisiéramos leer nosotros mismos." Supongo que en mi post, yo iba un pasito más allá. Incluso esos libros victorianos disfrazados de modernos pueden, en momentos determinados y en niños determinados resultar interesantes (aunque probablemente no por el motivo que pretendía el autor o el adulto que eligió el libro). 

Lo cierto es hasta ahora no había tenido oportunidad de leerme con detenimiento la conferencia de Gaiman, pero al hacerlo, he querido traducirla, subtitularla y reproducirla aquí. Es una declaración de amor a las bibliotecas y a la lectura apasionada, perspicaz e inspiradoraPodéis seleccionar el idioma en la esquina inferior izquierda del vídeo. Abajo, el texto completo de la conferencia. Que la disfrutéis. 








Traducción del texto íntegro de la conferencia de Neil Gaiman pronunciada el 14 de octubre de 2013 en el Barbican (Londres), bajo el auspicio de The Reading Agency.
Traducción de Ellen Duthie para Lo leemos así.

Es importante que la gente te diga de qué lado está y por qué, y si cabe la posibilidad de que puedan ser parciales. Así que voy a empezar hablándoos de lectura. Os voy a contar que las bibliotecas son importantes. Voy a sugerir que leer obras de ficción, leer por placer, es una de las cosas más importantes que uno puede hacer. Voy a hacer una apasionada súplica para que las personas comprendan qué son las bibliotecas y qué son los bibliotecarios, y para que se conserven ambas cosas. Soy parcial, evidente y enormemente parcial: soy autor y, muchas veces, autor de ficción. Escribo para niños y para adultos. Desde hace unos 30 años me he estado ganando la vida mediante las palabras, principalmente inventándome cosas y escribiéndolas. Es obvio que es de mi interés que la gente lea, que lea ficción, que existan bibliotecas y bibliotecarios y que se ayude a infundir un amor por la lectura y por los lugares en los que puede darse la lectura.

Así que, como escritor que soy, soy parcial. Pero soy muchísimo, muchísimo más parcial como lector. Y como ciudadano británico, más parcial todavía. .
Y aquí me tenéis pronunciando esta conferencia esta noche, bajo el auspicio de The Reading Agency, una organización sin ánimo de lucro cuya misión es proporcionar a todo el mundo igualdad de oportunidades en la vida, ayudándoles a convertirse en lectores entusiastas y seguros de sí mismos. Es una organización que apoya programas de competencia lectora, bibliotecas e individuos y fomenta de forma clara y apasionada el acto de la lectura. Porque, según nos cuentan, cuando leemos, todo cambia.
Esta tarde voy a hablar sobre ese cambio y sobre el acto de la lectura. Quiero hablar de lo que hace la lectura. De para qué sirve.
Una vez, asistí a una charla en Nueva York sobre la construcción de cárceles privadas, una industria de gran proyección en América. El sector carcelario tiene que hacer previsiones para su futuro crecimiento: ¿cuántas celdas van a necesitar? ¿Cuántos prisioneros habrá dentro de 15 años? Y vieron que lo podían predecir con mucha facilidad, aplicando un algoritmo bastante sencillito, basado en la pregunta de cuántas personas de 10 y 11 años no sabían leer. (Y mucho menos leer por placer).
No es una relación sencilla. No podemos decir que una sociedad competente en lectura no tiene criminalidad. Pero las correlaciones son muy reales.
Y pienso que algunas de esas correlaciones, las más sencillas, provienen de algo muy sencillo. La gente con buen nivel de competencia lectora lee ficción.
La ficción tiene dos usos. En primer lugar, es una puerta abierta a la droga de la lectura. La fuerza motora de saber qué pasa a continuación, de querer pasar la página, la necesidad de seguir leyendo, aunque sea difícil, porque alguien está en apuros y tenemos que descubrir cómo va a acabar todo… ésa es una fuerza motora muy real. Y nos obliga a aprender palabras nuevas, pensar pensamientos nuevos y seguir adelante. Descubrir que la lectura es placentera en sí misma. Una vez que aprendemos eso, estamos de camino a leerlo todo. Y la lectura es la clave. Hace unos años se planteó brevemente la idea de que estamos viviendo en un mundo post-lector, donde la capacidad de dar sentido a la palabra escrita es de alguna forma redundante. Pero esos días pasaron: las palabras son más importantes que nunca; navegamos el mundo con palabras y a medida que el mundo se va trasladando a la Web, tenemos que seguir, comunicar y comprender lo que estamos leyendo. Las personas que no se entienden entre sí son incapaces de intercambiar ideas, no pueden comunicarse. Y los programas de traducción no llegan a tanto.
La forma más sencilla de asegurarnos de que criamos a niños competentes desde el punto de vista lector es enseñarles a leer y enseñarles que la lectura es una actividad placentera. Y esto quiere decir, en su fórmula más sencilla, encontrar libros de los que disfruten, darles acceso a estos libros y dejar que los lean.
No creo que exista tal cosa como un mal libro para niños. De vez en cuando aparecen modas entre los adultos, en las que se señala algún grupo de libros infantiles, un género quizás, o un autor, y se declaran libros malos, libros que los niños no deben leer. Lo he visto una y otra vez; Enid Blyton fue declarada mala autora; también RL Stine fue declarado malo, y muchos otros. Se ha llegado a decir que los comics fomentan la “analfabetización”.  
Esto es una chorrada. Es esnobismo y tontería. Ningún autor que guste a los niños y que los niños busquen es malo, porque cada niño es diferente. Una idea trillada y gastada no está trillada ni gastada para ellos. Es la primera vez que el niño se la encuentra. No desanimemos a los niños de la lectura porque sintamos que están leyendo “lo equivocado”. La ficción que no nos gusta es una ruta a otros libros que podamos preferir. Y no todo el mundo tiene el mismo gusto que uno mismo.

Un adulto bien intencionado puede destruir el amor por la lectura de un niño con mucha facilidad: no permitiéndoles leer lo que disfrutan; intentando darles libros “respetables” pero aburridos; el equivalente del siglo 21  a la literatura “edificante” victoriana. Acabaremos con una generación convencida de que leer es muy poco guay y, peor aún, de que leer resulta desagradable.
Necesitamos incorporar a nuestros niños a la “escalera lectora”: cualquier cosa de la que disfruten les permitirá ir subiendo peldaños hasta llegar a la competencia lectora.
La segunda cosa que hace la ficción es desarrollar la empatía. Cuando ves la tele o una película, ves cosas que ocurren a personas. La ficción en prosa es algo que se construye a partir de las letras del alfabeto y un puñado de signos de puntuación y nosotros, y sólo nosotros, usando nuestra imaginación, creamos un mundo y lo poblamos y vemos las cosas a través de otros ojos. Es una oportunidad para sentir cosas, visitar lugares y mundos que de otra forma puede que jamás conoceríamos. Aprendemos que todas las demás personas que hay por ahí afuera también son un “yo”. Somos otra persona y cuando volvemos a nuestro propio mundo, estamos un poco cambiados.
La empatía es una herramienta para formar grupos a partir de personas, para permitirnos funcionar como algo más que individuos obsesionados con nosotros mismos.
Cuando leemos, también descubrimos otra cosa que es de vital importancia para navegar por el mundo. Y es esto:
El mundo no tiene por qué ser así. Las cosas pueden ser distintas.
En 2007, asistí a la primera convención de ciencia ficción y fantasía aprobada por el Partido en la historia de China. En un momento, conseguí apartar a un alto oficial y preguntarle por la razón de esa desaprobación por ciencia ficción durante tanto tiempo. ¿Y qué había cambiado ahora?

Es sencillo, me dijo. Los chinos eran brillantes fabricando cosas si otras personas les traían los planos. Pero no innovaban y no inventaban. No imaginaban. Así que enviaron una delegación a Estados Unidos, a Apple, a Microsoft, a Google, e hicieron muchas preguntas a las personas que estaban allí inventando el futuro. Eran preguntas sobre ellos mismos y sus vidas. Y descubrieron que todos habían leído mucha ciencia ficción en su infancia y adolescencia.  
La ficción puede mostrarnos un mundo diferente. Puede llevarnos a un sitio a donde nunca hemos ido. Una vez hemos visitado otros mundos, como aquellos que han degustado las frutas de las hadas, nunca podemos estar del todo satisfechos con el mundo en el que crecimos. El descontento es bueno: las personas descontentas pueden modificar y mejorar sus mundos, dejarlos mejor, dejarlos distintos.
Ya que hablamos del tema, me gustaría decir un par de cosas sobre el escapismo. Es frecuente oír el término como si se tratara de algo malo. Como si la literatura “escapista” fuera un opiáceo barato al que recurren los confundidos, los tontos y los engañados, y que la única ficción que lo vale, tanto para adultos como para niños, es la ficción mimética, un espejo de lo peor del mundo en que se encuentra el lector.
Si estuviéramos atrapados en una situación imposible, con personas que nos quisieran mal, y alguien nos ofreciera un escape temporal, ¿acaso no aceptaríamos su oferta? Y la ficción escapista es justamente eso; ficción que abre una puerta, muestra la luz del sol del exterior, nos da un lugar al que ir en el que nosotros tenemos el control, estamos con personas con las que queremos estar (y los libros son lugares reales, no lo dudéis por un solo momento); y, lo que es más importante, durante ese escape, los libros también pueden darnos conocimientos acerca del mundo y de nuestra problemática, darnos herramientas, darnos armadura: cosas reales que podemos llevarnos con nosotros de vuelta a nuestra prisión. Destrezas, conocimientos y herramientas que podemos utilizar para escapar de verdad.
Como nos recordó JRR Tolkien, las únicas personas que vituperan la escapada son encarceladores.
Otra forma de destruir el amor de un niño por la lectura, claro está, es asegurarse de que no haya ningún libro de ningún tipo en ninguna parte. Y no darles ningún sitio para leer esos libros. Yo tuve suerte. Tenía una excelente biblioteca local en el lugar donde me crié. Tenía el tipo de padres a los que podía convencer para que me dejaran en la biblioteca de camino al trabajo durante las vacaciones de verano y el tipo de personal bibliotecario al que no importaba que un niño pequeño, sin acompañar, visitara la biblioteca infantil todas las mañanas y rebuscara en el catálogo para encontrar libros de fantasmas o magia o cohetes, buscando vampiros, detectives o brujas o maravillas. Y cuando acabé con la sección infantil, empecé con los libros para adultos.
Eran buenos bibliotecarios. Les gustaban los libros y les gustaba que se leyeran los libros. Me enseñaron cómo pedir libros de otras bibliotecas mediante préstamos  interbibliotecarios. No tenían ninguna actitud esnob acerca de lo que leía. Simplemente parecía gustarles que hubiera un niño con los ojos bien abiertos al que encantaba leer y me hablaban sobre los libros que leía, me buscaban otros libros de una misma serie; me ayudaban. Me trataban como otro lector – ni más ni menos- lo cual quiere decir que me trataban con respeto. No estaba acostumbrado a que me trataran con respecto a la edad de ocho años.
Pero las bibliotecas son sobre todo centros de libertad. Libertad para leer, libertad de ideas, libertad de comunicación. Son centros de educación (que no es un proceso que acabe el día en que salimos de la escuela o de la universidad), de entretenimiento, de espacios seguros y de acceso a información.
Me preocupa que aquí en el siglo 21, la gente no entienda bien qué son las bibliotecas y para qué sirven. Si percibimos una biblioteca como una estantería de libros, parece que pueda ser un concepto anticuado o desfasado en un mundo en el que la mayoría, pero no todos, de los libros en papel existen también en formato digital. Pero eso es no entender nada.
Creo que tiene que ver con la naturaleza de la información. La información tiene valor y la información correcta tiene un valor enorme. Durante toda la historia de la humanidad, hemos vivido en un tiempo de escasez de información y tener la información que se precisaba era siempre importante y siempre valioso: cuándo sembrar, dónde encontrar cosas, mapas, historias y cuentos. La información era algo valioso y los que la tenían o podían obtenerla podían cobrar por el servicio.
En los últimos años, hemos pasado de una economía escasa en información a una impulsada por un exceso de información. Según Eric Schmidt de Google, cada dos días la raza humana crea tanta información como los humanos habían creado desde el inicio de la civilización hasta el año 2003. Estamos hablando de cinco exobytes de datos al día, para aquellos a los que les guste contar. El reto al que nos enfrentamos ahora no es encontrar esa planta escasa que crece en el desierto, sino encontrar una planta específica que crece en una jungla. Vamos a necesitar ayuda para navegar esa información, para encontrar lo que realmente necesitamos.
Las bibliotecas son lugares a las que las personas acuden para encontrar información. Los libros son sólo la punta del iceberg de la información; allí están y las bibliotecas pueden darnos libros de forma gratuita y legal. Más niños que nunca están sacando libros de bibliotecas. Libros de todo tipo; en papel, en digital y en audio. Pero las bibliotecas también son, por ejemplo, lugares a los que personas que no tienen acceso a un ordenador, que quizás no tengan conexión a Internet, pueden ir para conectarse de forma gratuita. Esto es fundamental cuando el modo en que buscamos empleo, enviamos solicitudes de empleo o solicitamos ayudas sociales depende cada vez más de tener acceso a Internet. Los bibliotecarios pueden ayudar a las personas a navegar ese mundo.

No creo que todos los libros vayan a pasar a pantalla ni que deban hacerlo: como me comentó una vez Douglas Adams más de 20 años antes de que apareciera el Kindle, un libro físico es como un tiburón. Los tiburones son antiguos: había tiburones en el océano antes de que llegaran los dinosaurios. Y la razón por la que siguen habiendo tiburones es que los tiburones hacen mejor de tiburón que ningún otro animal. Los libros físicos son duros, difíciles de destruir, resistentes a la bañera, son gustosos al tacto: se les da bien ser libros; y siempre habrá un lugar para ellos. Las bibliotecas son su hogar, al igual que las bibliotecas ya se han convertido en lugares a los que acceder a libros electrónicos, audiolibros, DVDs y contenido Web.

Una biblioteca es un lugar que es un archivo de información y da a todos los ciudadanos acceso igualitario al mismo. Esto incluye información sobre salud e información sobre salud mental. Es un espacio comunitario. Es un lugar seguro, un refugio del mundo exterior. Es un lugar con bibliotecarios en su interior. Lo que deberíamos estar imaginando ahora es cómo serán las bibliotecas del futuro.
La competencia lectora es más importante que nunca, en este mundo de mensajes de texto y correos electrónicos, un mundo de información escrita. Necesitamos leer y escribir, necesitamos ciudadanos globales que estén cómodos leyendo, que comprendan lo que leen, que comprendan los matices y que se hagan comprender.
Las bibliotecas realmente son las puertas al futuro. Por eso no deja de ser desafortunado ver que en todo el mundo las autoridades locales aprovechan la más mínima oportunidad para cerrar bibliotecas como una forma fácil de ahorrar dinero, sin darse cuenta de que están robando al futuro para pagar por hoy. Se están cerrando unas puertas que deben permanecer abiertas.
Según un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Inglaterra es el “único país donde el grupo de edad más mayor tiene mayor competencia lectora y numérica que el grupo de menor edad, después de tener en cuenta otros factores como género, entorno socio-económico y tipo de ocupación".
O, para expresarlo de otro modo, nuestros hijos y nuestros nietos tienen menor competencia lectora y numérica que nosotros. Son menos capaces de navegar el mundo, de comprenderlo para resolver problemas. Se les puede mentir y engañar con mayor facilidad, serán menos capaces de cambiar el mundo en el que se encuentran, serán menos empleables. Todo esto.
Y como país, Inglaterra se quedará a la zaga de otras naciones desarrolladas porque carecerá de una fuerza de trabajo con las competencias necesarias.
Los libros son la forma en que nos comunicamos con los muertos. El modo en que aprendemos lecciones de aquellos que ya no están con nosotros, el modo en que la humanidad se ha desarrollado, ha progresado, y ha hecho que el conocimiento sea algo incremental en lugar de algo que debamos reaprender una y otra vez. Hay cuentos que son más antiguos que la mayoría de los países, cuentos que han perdurado más que las culturas y los edificios en los que se contaron por primera vez.
Creo que tenemos responsabilidades con respecto al futuro. Responsabilidades y obligaciones hacia los niños, hacia los adultos en los que se convertirán esos niños, hacia el mundo que habitarán. Todos nosotros – como lectores, como escritores y como ciudadanos – tenemos obligaciones. Voy a tratar de enumerar algunas de esas obligaciones aquí.
Creo que tenemos la obligación de leer por placer, en espacios privados y públicos. Si leemos por placer, si otros nos ven leyendo, aprendemos, ejercitamos nuestra imaginación. Mostramos a otros que leer es bueno.
Tenemos la obligación de apoyar a las bibliotecas. De usar las bibliotecas, de animar a otros a que usen las bibliotecas, de protestar por el cierre de bibliotecas. Si no valoramos las bibliotecas, no valoramos la información ni la cultura ni la sabiduría. Silenciamos las voces del pasado y perjudicamos el futuro.
Tenemos la obligación de leer en voz alta a nuestros hijos. Leerles cosas que disfruten. Leerles cuentos que a nosotros nos cansan ya. De poner voces, de hacerlos interesantes y de no dejar de leerles simplemente porque hayan aprendido a leer por sí mismos. De usar los momentos de lectura en voz alta como momentos para estrechar nuestra relación, como momentos cuando no estamos pendientes del móvil, cuando las distracciones del mundo se aparcan.
Tenemos la obligación de usar el lenguaje. De ir más allá: de descubrir qué significan las palabras y cómo usarlas, de comunicarnos con claridad, de expresar justo lo que queremos decir. No debemos tratar de congelar el lenguaje, pretender que sea una cosa muerta a la que reverenciar, sino que debemos usarlo como algo vivo, que fluye, que toma prestadas palabras, que permite que los significados y las pronunciaciones cambien con el paso del tiempo.
Los escritores – especialmente los escritores para niños, pero todos los escritores- tenemos una obligación hacia nuestros lectores; es la obligación de escribir cosas verdaderas, lo cual es especialmente importante cuando creamos historias de personas que no existen en lugares que nunca fueron. Debemos comprender que la verdad no es lo que ocurre sino lo que nos dice acerca de quiénes somos. La ficción es la mentira que cuenta la verdad, al fin y al cabo. Una de las mejores curas para el lector reacio, a fin de cuentas, es un cuento que no pueda dejar de leer. Y aunque debemos contar a nuestros lectores cosas verdaderas y darles armas y armadura y transmitirles la sabiduría que hayamos ido recopilando en nuestra corta estancia sobre este mundo verde, tenemos la obligación de no predicar, de no sermonear, de no introducir a la fuerza por el gaznate de nuestros lectores moralejas y mensajes predigeridos, como los pájaros adultos alimentan a sus bebés con gusanos premasticados; y tenemos la obligación de nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, escribir nada para niños que no quisiéramos leer nosotros mismos.
Tenemos la obligación de comprender y de reconocer que como escritores para niños estamos haciendo una labor importante, porque si la fastidiamos y escribimos libros aburridos que hacen que los niños salgan espantados de la experiencia lectora, habremos mermado nuestro propio futuro y reducido el suyo.
Todos nosotros – adultos y niños, escritores y lectores- tenemos la obligación de soñar despiertos. Tenemos la obligación de imaginar. Es fácil hacer como si nadie pudiera cambiar nada, como si estuviéramos en un mundo en el que la sociedad es tan enorme que el individuo es menos que nada: un átomo en una pared; un grano de arroz en un arrozal. Pero lo cierto es que los individuos cambian su mundo una y otra vez, los individuos hacen el futuro y lo hacen imaginando que las cosas pueden ser distintas.
Echad un vistazo a vuestro alrededor. Parad por un momento y mirar la habitación en la que os encontráis. Voy a señalar algo tan evidente que suele olvidarse. Es esto: todo lo que veis, incluidas las paredes, fue, en algún momento, imaginado. Alguien decidió que era más fácil sentarse en una silla que en el suelo e imagino la silla. Alguien tuvo que imaginar la manera de que yo pueda hablar con vosotros ahora mismo en Londres sin que nos llueva encima a todos. Esta habitación, y las cosas en ella, y todas las demás cosas en este edificio, esta ciudad, existen porque, una y otra vez, algunas personas imaginaron cosas.
Tenemos la obligación de hacer que las cosas sean bellas. De no dejar el mundo más feo de lo que nos lo encontramos, de no vaciar los océanos, de no dejar nuestros problemas para la siguiente generación. Tenemos la obligación de recoger nuestra basura y nuestro desorden, y de no dejar a nuestros hijos un mundo echado a perder, timado y mutilado.
Tenemos la obligación de decir a nuestros políticos lo que queremos, de votar en contra de políticos de cualquier partido que no entiendan el valor de la lectura en la formación de ciudadanos que valen la pena, que no quieran actuar para preservar y proteger el conocimiento y fomentar la competencia lectora. No es cuestión de política de partido. Es cuestión de humanidad común.
A Albert Einstein se le preguntó una vez cómo podíamos hacer más inteligentes a nuestros hijos. Su respuesta fue al mismo tiempo sencilla y sabia. “Si queréis que vuestros hijos sean inteligentes”, dijo, “leédles cuentos de hadas. Si queréis que sean más inteligentes, leédles más cuentos de hadas." Comprendía el valor de la lectura, de la imaginación.

Espero que podamos dar a nuestros niños y niñas un mundo en el que lean, en el que se les lea, en el que imaginen y en el que comprendan. 
Traducción del texto íntegro de la conferencia de Neil Gaiman pronunciada el 14 de octubre de 2013 en el Barbican (Londres), bajo el auspicio de The Reading Agency.
Traducción de Ellen Duthie para Lo leemos así.